Pedro Canelo

“Es un jugador que tiene condiciones para llegar a las ligas de Europa. Hay que hacerle contrato”.

Hace siete años, la recomendación en el complejo deportivo de Sporting Cristal llegó de una voz autorizada. El español Alberto Giraldez, con experiencia en el fútbol formativo del Real Madrid, había llegado al club cervecero y en sus primeros meses en La Florida hubo un muchacho de 16 años que llamó especialmente su atención. Era Beto da Silva. El atacante se quedó por tres temporadas en el Rímac. A finales del 2015, el muchacho que gambeteaba a todos cerca del Río Hablador, dejó a un grupo de dirigentes sin palabras.

Después de haber sido campeón en el 2014 y subcampeón en el 2015, Beto da Silva le comunicó a la directiva de Sporting Cristal que había aceptado la oferta del PSV Eindhoven. Que no renovaba contrato y que se iba como jugador libre. Carlos Benavides era gerente deportivo del cuadro celeste en aquel tiempo y hoy, alejado momentáneamente del circuito dirigencial, está culminando la redacción de un libro que publicará en seis meses. Allí va a dedicar unas líneas a lo que aprendió él y el cuadro rimense con la partida del delantero.

“Con el caso Beto da Silva cometimos errores que todavía lamentamos, pero aprendimos a diseñar políticas y establecer los procesos adecuados para la fase de proyección y exportación de un jugador en la cadena de valor”, comenta Benavides.

Da Silva debutó en Primera División en el 2013, cuando el técnico cervecero era Roberto Mosquera. En aquel partido ante Alianza Lima se lesionó y pasó varios meses sin poder jugar. Después se recuperó y fue decisivo en la segunda mitad de la campaña con Daniel Ahmed como entrenador.

-Cuidados intensivos-

Sobre esas lesiones que tuvo Da Silva en su etapa en el Rímac, Benavides comentó que tuvieron muchos cuidados con él. Incluso, lo llevaron hasta Brasil para que se rehabilite en el centro médico del Atlético Paranaense.

“Al Beto le tengo mucho cariño, el tiempo que estuvo con nosotros entrenó siempre bien y con profesionalismo. Si me preguntas por una ubicación donde lo veo mejor en el campo, es al medio, como un segundo delantero”, nos explica Daniel Ahmed, hoy Director de Planeamiento y Desarrollo de Alianza Lima. ¿Es un '9′ Da Silva? La estadística podría ayudar a tener una respuesta: 14 goles en toda su etapa como profesional y nueve asistencias.

Desde aquella partida de Da Silva, en Sporting Cristal se tomó una medida respetada hasta hoy a pesar de los cambios en cargos dirigenciales: a todos los futbolistas menores de 20 años con proyección internacional se les hace firmar contratos de tres años. Es lo que pasó con jugadores como Pedro Aquino, Luis Abram, Marcos López y Fernando Pacheco. En los últimos cinco años, Cristal ha ganado cinco millones de dólares solo en transferencias.

Han pasado cuatro años de su partida a Holanda. El delantero pasó por seis clubes y hoy decidido pegar la vuelta. El mismo técnico de Alianza Lima, Pablo Bengoechea, confirmó que Beto este año se vestirá de blanquiazul. “Va a llegar el fin de semana”, dijo el entrenador charrúa.

-¿Por qué se fue Da Silva de Cristal?-

En la dirigencia de Sporting Cristal decidieron cerrar las conversaciones, en aquellos finales del 2015, de manera directa con Beto da Silva. Allí, el atacante argumentó que “no se había dado el espacio correcto para desarrollarse” y que el club no había confiado en él por no hacerle un contrato más extenso. Esa historia no volvió a repetirse en el Rímac.

"Siento que pudo quedarse más tiempo", cierra Benavides. A Beto, en la última negociación, se le ofreció el sueldo del '9' titular de Cristal (que lo había dejado el 'Picante' Pereyra). No aceptó.

Uno de los que menos entendió la decisión del entorno de Da Silva fue Ricardo Gareca. El ‘Tigre’ lo siguió en aquella última temporada que tuvo Beto en el Perú, en el 2015. Para el comando técnico de la Blanquirroja, lo ideal era que el atacante juegue Copa Libertadores con Sporting Cristal y no irse a la filial juvenil del PSV.

Da Silva es hijo de Luisinho, un ex jugador brasileño de Melgar y Torino de los años noventa. Entre sus 19 y 23 años, Da Silva sufrió más de tres lesiones prolongadas, tuvo un hijo y se casó. “Es la edad límite para que un futbolista peruano madure y se consolide”, dice un entrenador que lo conoció muy bien en sus años en el Perú. Ese muchacho que no pudo festejar en el exterior quiere volver a hacer una alianza con las sonrisas. Quiere reecontrarse con el sabor de La Victoria.




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