Han pasado seis meses desde que manifestantes opuestos a la actividad minera atacaron e incendiaran el campamento de minera Apumayo, en la provincia de Lucanas, región Ayacucho. Ese lapso fue aprovechado por el productor aurífero para reponer sus pérdidas y estrechar vínculos con las comunidades vecinas, las cuales se mantuvieron al margen del ataque debido a que “están alineadas” con la mina, comenta Guillermo Shinno, gerente general de la empresa peruana.

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