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(Bloomberg). El Caribe se está quedando sin uno de sus productos más emblemáticos en el peor momento posible.
Los consumidores del mundo rico nunca han mostrado más predilección por los cocos. Starbucks quiere la leche de la fruta tropical para sus batidos, Rihanna promueve el agua de coco como bebida deportiva y el precio del aceite de coco ha trepado más de 50 por ciento en los últimos 12 meses.
El Caribe es prácticamente un sinónimo del coco, de modo que sus productores tendrían que aprovecharlo. Por una serie de razones, no lo hacen. Tormentas, sequías y la enfermedad llamada Amarillamiento Letal que transmiten insectos, han hecho desaparecer plantaciones enteras; los productores no han invertido en nuevos árboles ni en fertilizantes para mejorar los rendimientos.
Las plantaciones caribeñas se han reducido alrededor de 17 por ciento desde 1994, según la Organización para la Agricultura y la Alimentación –FAO- de las Naciones Unidas.
“Puede decirse que a este ritmo el Caribe se está quedando sin cocos”, dijo Compton Paul, coordinador de un programa regional de cocos del Instituto de Desarrollo e Investigación Agrícola del Caribe, que tiene sede en Trinidad.
Ni cantidad ni calidad
En Nagua, en la costa norte de República Dominicana, donde Dioni Siri tiene sus árboles y también compra a otros productores, la producción ha declinado alrededor de 60 por ciento en dos décadas, según la asociación local de productores.
Siri, que vende a mercados de exportación, dice que la cantidad no es el único problema, dado que muchos de los frutos que se cosechan no son de una calidad aceptable.
En su depósito, examina una pila de fruta: sostiene cada coco cerca del oído y lo agita para comprobar si contiene leche. Cuando no hay sonido alguno, el coco va a parar a una creciente pila de fruta descartada.
“Se la cosechó demasiado rápido”, dice Siri. “No es buena. Nuestro mayor problema es que los agricultores locales no producen cocos de buena calidad”.
Es un problema que nadie previó. Hace dos décadas, la demanda internacional declinaba al advertir los médicos que los aceites tropicales podían elevar los niveles de colesterol.
Los cocos se vendían por monedas en el Caribe, donde se los produce desde hace cinco siglos, desde su introducción por parte de europeos procedentes del océano Índico. Con frecuencia se dejaba que se pudrieran en los árboles.
En la actualidad, la leche de coco se vende como alternativa saludable a la leche vacuna y es un ingrediente básico de la cocina paleo, que adoran quienes practican CrossFit.
Hasta la corteza de la fruta resultó ser útil como relleno de asientos de autos, para no hablar de la codiciada agua de coco, rica en potasio y otros electrólitos, que se encamina a convertirse en una industria de US$4.000 millones para 2019, según la firma de análisis Technavio.






