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El entrampamiento del ‘brexit’, por Paul Keller

“Como muchos de mis compatriotas, estoy frustrado por todo el proceso, pero aún no he abandonado la esperanza”.

Paul Keller Ex corresponsal de la BBC

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"Por lo tanto, en lugar de contemplar un futuro fuera de la UE, los británicos enfrentan aun más confusión, crisis y frustración" (Ilustración: Víctor Aguilar)

Antes de su suspensión histórica esta semana, el Parlamento británico tuvo tiempo para dar un gran espectáculo. Los fanáticos del suspenso y el melodrama político fueron premiados con más dramatismo, ya que los políticos de la oposición organizaron una ruidosa protesta contra la decisión del primer ministro Boris Johnson de suspender la legislatura por cinco semanas. Johnson dice que esto le dará tiempo al gobierno conservador para establecer su agenda legislativa, mientras que sus enemigos políticos lo han llamado un intento cínico de sofocar el rechazo a su estrategia de ‘brexit’ a toda costa.

A horas de la suspensión, los oponentes de Johnson lograron obstaculizar sus planes. Rechazaron nuevamente su solicitud de elecciones anticipadas y, pasando a la ofensiva, han impulsado un proyecto de ley de último minuto diseñado para evitar un ‘brexit’ “sin acuerdo” el próximo mes. Será necesario que el primer ministro solicite a la UE una prórroga hasta enero del 2020, a menos que el Parlamento apruebe un acuerdo o una salida sin acuerdo, antes de la fecha límite de octubre.

Si bien Johnson buscará eludir la ley, los últimos movimientos de sus oponentes han dañado su posición como el hombre que sacará a Gran Bretaña de Europa en Halloween. Se ve como un líder que hizo un mal cálculo y que parece estar acorralado por todos lados.

En lo que se suponía que era el “final de temporada” del ‘brexit’, el espectáculo está lejos de concluir. El líder conservador se comprometió a sacar a Gran Bretaña de Europa antes del 31 de octubre, mientras que sus oponentes se preocupan por las consecuencias sociales y económicas de un divorcio desordenado. En este espíritu del ‘brexit’ a toda costa, Johnson suspendió recientemente a 21 conservadores en el Parlamento que se negaron a respaldarlo. Una vez más, sin embargo, sus oponentes han tenido la última palabra: su propio hermano, Jo, renunció al gobierno, citando diferencias irreconciliables sobre el ‘brexit’. Poco después, otra ministra de alto perfil, Amber Rudd, renunció al Gabinete, acusando al gobierno de no hacer ningún esfuerzo real para negociar un nuevo acuerdo de divorcio.

Por lo tanto, en lugar de contemplar un futuro fuera de la UE, los británicos enfrentan aun más confusión, crisis y frustración, ya que el ‘brexit’ permanece en el limbo. El estancamiento político, ahora en su tercer año, ha significado una severa reprimenda, no solo al gobierno, sino a toda la clase política. Nadie sale bien del proceso, ni el gobierno, la oposición ni los medios de comunicación.

Todo empieza, por supuesto, por el manejo desastroso del ‘brexit’ por parte del gobierno, con muchos observadores llamándola la negociación peor manejada en la memoria reciente. La confusión de las conversaciones sobre el ‘brexit’ de Theresa May ya había destruido lo que quedaba de la confianza de la gente. Pero no es solo el mal manejo de las negociaciones lo que ha dañado el sistema político, sino la obsesión del Parlamento con el ‘brexit’ per se.

El tema ha evitado que los políticos aborden los problemas sociales y económicos que enfrenta el país. Normalmente, cuando el gobierno se queda corto, existe equilibrio por parte de un bloque opositor competente. Desafortunadamente, incluso esta parte del sistema parece defectuosa. Muy pocos, ni siquiera sus colegas más cercanos, creen que el líder laborista Jeremy Corbyn sería un primer ministro competente. Hasta hace poco, Corbyn, un euroescéptico de larga data, ha tenido un desempeño errático. Como resultado, los laboristas han carecido de una posición coherente ante el ‘brexit’.

Incluso los medios de comunicación británicos tienen parte de la culpa por el desorden. La cobertura a menudo parece estar muy sesgada hacia un lado u otro, mientras que muchos medios de comunicación han informado como hechos las afirmaciones sin fundamento de los activistas desde el referéndum del 2016.

Detrás de estos problemas hay dos razones fundamentales para el caos en el que se encuentra el país. En primer lugar, Europa siempre ha amenazado con dividir Gran Bretaña, ya que muchos británicos temen lo que ven como una transición inevitable de un mercado común a una unión total. En segundo lugar, Europa ha provocado un choque de ideologías entre liberales y tradicionalistas: entre los que han disfrutado de los beneficios financieros y culturales de la UE y los que no. Lamentablemente, la tarea de encontrar un punto medio entre estas posiciones altamente polarizadas ha demostrado superar a cualquier partido político.

Como muchos de mis compatriotas, estoy frustrado por todo el proceso, pero aún no he abandonado la esperanza. Al igual que ellos, puse mi fe en los principios de defender el interés nacional y el sentido común. En última instancia, son estas tradiciones –no la política partidaria– las que tienen una mejor oportunidad de producir un final satisfactorio para la telenovela del ‘brexit’.

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