Se acabó el recreo… y la suerte, por Fernando Rospigliosi
Se acabó el recreo… y la suerte, por Fernando Rospigliosi
Fernando Rospigliosi

Analista político

En las últimas semanas las cosas le han salido muy mal a Pedro Pablo Kuczynski (PPK). Una de las consecuencias es que ha caído en las encuestas. El problema es que no parece ser una casualidad, sino resultado de sus propios errores y los de su gobierno.

Primero fueron los escandalosos audios del médico Carlos Moreno, luego la denuncia contra prominentes dirigentes de su partido, varios de los cuales trabajaban a su lado en Palacio, al igual que Moreno. Después el conflicto de Las Bambas. 

Augusto Álvarez Rodrich lo había subrayado varias veces: “Pedro Pablo Kuczynski es un tipo con mucha suerte […] porque, siendo el peor candidato, acabó de presidente en un final inesperado que sorprendió a él mismo” (“La República”, 28.7.16). Y a la vez ha insistido en que a pesar de haber sido un mal candidato puede ser muy buen presidente (3.7.16).

Podría ser un buen gobernante, ciertamente, y la mayoría desea que así sea. Pero sus desaciertos durante la campaña no fueron casuales y no es coincidencia que se repitan ahora.

Para empezar, PPK fue probablemente víctima del usual mareo posterior al triunfo, y creyó que había ganado gracias a su habilidad política y no principalmente debido a un conjunto de circunstancias ajenas a su desempeño. Impresión reforzada por los que lo rodeaban, interesados en resaltar sus supuestos méritos y en adular al candidato victorioso para obtener ubicaciones privilegiadas en el gobierno. En esas circunstancias, por lo general nadie se atreve a decirle la verdad y el que lo hace es expulsado del olimpo.

No obstante, su poca perspicacia política no se consideraba un problema y fue subestimada. Si bien PPK tiene muchas cualidades –es un hombre de mundo sofisticado, sabe de economía y de gestión pública en ese ámbito, es honesto– su déficit político y de liderazgo, notorios en la campaña, se tenían que reflejar tarde o temprano en el gobierno.

Lamentablemente ha sido muy temprano. Antes de los simbólicos cien días. Antes de cumplir siquiera tres meses.

Las complicaciones suscitadas por sus consejeros en Palacio y los dirigentes de su partido son directa responsabilidad de PPK.

La debilidad de la respuesta a esa crisis (ver, por ejemplo, los editoriales de El Comercio: “Asco retardado” e “Investigado VIP”, del 11 y 14 de octubre) es atribuible a PPK y a los altos cargos del gobierno.

La creación de una comisión presidida por Eduardo Vega para que estudie el problema de la corrupción y haga propuestas es una salida que no inspira confianza y muestra improvisación. ¿Es que no había un plan anticorrupción como se dijo en la campaña? 

En el caso de Las Bambas, que ha cobrado una dimensión inesperada por el mal manejo del conflicto, también hay una responsabilidad del gobierno. Se demoraron dos largos meses en nombrar a un jefe de la oficina a cargo en la Presidencia del Consejo de Ministros, como si los conflictos sociales fueran a esperar que el gobierno se tome su tiempo. A pesar de que se sabía lo que allí se incubaba y de la importancia que tiene esa mina, no le dieron la prioridad debida. Y, al final, están recurriendo a las mismas recetas de anteriores gobiernos. Un conflicto recurrente se ha convertido en un problema grave.

La ventaja de PPK es que la economía no va mal, creciendo alrededor de 4% al año, aunque con una atingencia que han señalado algunos economistas: la mitad del crecimiento, el 2%, es atribuible al cobre. No a la minería, al cobre. Eso no solo implica una importante vulnerabilidad –los precios y la demanda pueden subir o bajar por muchas circunstancias externas–, sino que no tiene una significativa incidencia sobre el empleo, como ocurriría si lo que impulsara el crecimiento fuera la manufactura o la construcción.

Por último, la bancada parlamentaria oficialista sirve de muy poco, no solo por su número reducido y sus disputas internas, sino porque no tiene un grupo de buenos operadores políticos que den la cara por un gobierno que posee valiosos técnicos, pero que también carece de operadores.

En suma, una situación complicada para un presidente de lujo –como ha sido calificado– en muchos aspectos, pero con graves deficiencias en otros.