Desde este Diario nos hemos ocupado en más de una ocasión de la problemática del empleo juvenil durante los últimos años. La inquietud no es gratuita. Son al menos tres las razones que lo explican. La primera –y la más importante– es que la calidad del primer empleo está fuertemente relacionada con el desempeño laboral a lo largo del resto de la vida productiva. Es decir, buenos empleos iniciales ponen a los jóvenes en el camino correcto, y los beneficios se pagan a lo largo de décadas.
La segunda es que, si la informalidad laboral de la población trabajadora peruana en general es grave, para los jóvenes es dramática: casi nueve de cada 10 trabajan como informales. Y la tercera es que el país no lo ha venido haciendo nada bien en este frente. A pesar de que la mayoría de los indicadores económicos están en mejor posición de lo que estaban antes de la pandemia, el empleo juvenil –junto con la tasa de pobreza– es una lamentable excepción. Hay cerca de 370.000 jóvenes empleados menos que en el 2019.
Aún así, de acuerdo con un informe publicado en estas páginas ayer por el Instituto Peruano de Economía, 14 agrupaciones políticas en contienda para las elecciones de abril –casi la mitad– no presentaron mayor comentario o propuesta sobre el asunto en sus planes de gobierno.
De los que sí presentaron propuestas, 11 plantearon programas de empleo temporal, mayoritariamente en el sector público. Evidentemente, el impacto formativo de estos programas gubernamentales puede ser bastante menor que aquel de un empleo productivo en el sector privado. Otros cuatro partidos incluso van más allá y disponen regulaciones que harían el problema peor: más rigideces, sobrecostos y complicaciones en general para crear empleo formal. Del total, unos 15 partidos sí se enfocan en programas de capacitación y formación práctica que pueden hacer diferencia. Y entre los pocos que hicieron el esfuerzo de cuantificar las metas de creación de empleo, la mayoría plantea cifras poco realistas.
La situación del empleo juvenil debería ser un asunto de conversación nacional urgente. La llegada de nuevas tecnologías digitales y la competencia global hace aún más crítico que exista pronto una política de Estado consistente y efectiva para capacitar y dar espacio a las nuevas generaciones de trabajadores. Quizá ya es tarde para que algunos candidatos se enteren, pero la ciudadanía aún tiene tiempo para poner el asunto entre sus prioridades al momento de votar.