La presidenta Dina Boluarte tomó juramento a Eduardo Arana, su cuarto presidente del Consejo de Ministros. Arana, como se sabe, viene colaborando con el Gobierno desde septiembre del 2023, cuando fue nombrado ministro de Justicia.
No sorprende. Cada vez que había rumores de renovación en PCM, su nombre emergía a la superficie. Por otro lado, su cercanía a Palacio, a pesar de encabezar un portafolio de poco peso político, era conocida. Como señaló en su momento EC Data, era de los más asiduos visitantes a la presidencia (El Comercio, 04/02/2025).
El cambio, sin embargo, fue sorpresivo. Y no por la salida de Gustavo Adrianzén, pertinaz escudero de Boluarte, aunque discreto gestor público, sino por la remoción de José Salardi, que le había brindado al Gabinete un ímpetu no visto hace mucho. Adrianzén prolongó una larga agonía; Salardi, en cambio, abandona la escena sin un desenlace claro.
Estas 48 horas de cambios, nombramientos, rumores, nombres que van y vienen dieron la impresión de un momento terminal del conjunto del Ejecutivo, similar al de la gallina que continúa dando pasos luego de ser degollada. Esto se acentuó, sobre todo, en la tarde del martes 13.
Pero esa sensación fue reemplazada rápidamente por aquello que ha caracterizado a este Ejecutivo: gobernar en modo “ahorro de energía”, impulsado más por la inercia de un Estado que, a pesar de todo, se mueve, y por las expectativas y presiones de distintos grupos y actores.
Así, el miércoles 14 se anunciaron los cambios que prolongan un patrón conocido. Al menos dos características deben reseñarse: el cariz endogámico de la renovación. Arana, al igual que Alberto Otárola o el propio Adrianzén, dejan un espacio de colaboración para asumir otro. Por su parte, Raúl Pérez Reyes, en el MEF, y Juan Escalante, promovido al Minjus, replican lo dicho, algo que podría leerse como desconfianza o aislamiento.
La otra son los criterios que emplea la presidenta para convocar a sus más cercanos colaboradores. Arana tenía un rol discreto en un sector de poco peso político. Las veces que participó en el debate público fue para defender posiciones o propuestas endebles, como sus cuestionamientos a las encuestas o el resistido proyecto de la franja informativa en medios audiovisuales.
Ni qué decir de la incorporación de alguien con tantos cuestionamientos (incluyendo sus presuntos lazos con la minería ilegal) como César Sandoval a un sector tan importante como Transportes y Comunicaciones. ¿Sostendrá, como un predecesor suyo, que está capacitado porque tiene brevete?
Seguramente, lo que se verá en las próximas semanas será un montaje conocido, con poca gracia y cierto despliegue de energía. Ese sainete mediático, aderezado de reuniones con bancadas para propiciar la gobernabilidad, debates de investidura y un largo etcétera, que no luce, pero basta.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.