Una madre de cinco hijos fue condenada en Virginia (Estados Unidos) por contribuir a la delincuencia de un menor. Su delito: permitir que su hijo de 5 años caminara solo unos 800 metros en su urbanización cerrada. La madre sostuvo que vivían en una comunidad amurallada y que no había mayor peligro. Hace 50 años, el compositor y cantante Cat Stevens preguntaba: ¿dónde jugaban los niños en la sociedad actual? Denunciaba así la poca importancia que el juego infantil tenía en las políticas públicas modernas. En el fondo, los sitios donde en mis tiempos se jugaba eran las calles, parques y otros lugares públicos. Ahora son considerados peligrosos.
Sin embargo, en esta percepción de peligrosidad contribuye la ideología política que no quiere mayor acción estatal en la crianza y busca limitar el gasto en programas sociales. Movimientos como “Con mis hijos no te metas” son parte esencial de políticas que quieren devolver el control absoluto de la crianza de los niños y niñas a los padres y la familia. Esto ha llevado al debilitamiento de las instituciones públicas que antes compartían el cuidado con la familia (guarderías, centros comunales y parroquiales, clubes y ligas deportivas), y así el espacio público se ha convertido en un medio más peligroso para los menores. En mis tiempos, mis padres querían que saliera a la calle, que hiciera amistades y aprendiera a tratar con los demás.
Entramos así en un círculo vicioso en el que a los niños se les prohíbe socializar en el espacio público, y eso los lleva a la soledad. Y a una mayor dependencia en los medios digitales, al uso no supervisado de las redes sociales, que es peligroso. En vez de culpar a madres por ser “descuidadas”, debemos recuperar el espacio público, especialmente para que nuestros hijos e hijas participen en abierta interacción con otros, y aprender en el proceso el valor de la comunidad y el diálogo.
Muchos programas dirigidos a niños y niñas han sufrido recortes importantes y con ello existe una mayor presión sobre los padres para que sean los que cuidan a los hijos.
En el Perú, una alternativa para los sectores medios y altos era hacerse socio de un club privado y dejar ahí a los hijos. Era un medio protegido, pero esto consiste en una privatización del espacio compartido, por no decir público, y no es alternativa para la gran mayoría del país. Pero hay otras alternativas. Las escuelas pueden servir para albergar a niños y niñas en las horas que no hay clases. Varias veces se han ensayado propuestas que acogen y protegen a la niñez (academias, tutorías, bibliotecas infantiles). Ahora que se acercan las elecciones municipales, será interesante ver cómo nuestros candidatos buscan defender y proteger a nuestra niñez.
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