La guerra entre las centro derechas en el Congreso ha desatado varias reacciones que aparecen en las encuestas. No me guío necesariamente por la supuesta caída de Rafael López Aliaga, que está dentro del margen de error, ni por la subida de Keiko Fujimori de 8% a 9%. Me guío, más bien, por los comentarios de analistas y el empresariado (ojo, que no son representativos)
La estrategia de Fuerza Popular fue culpar directamente a Renovación Popular por colocar a José María Balcázar en la presidencia.
Y esa táctica pareciera haber funcionado. Sobre todo para evidenciar el carácter de López Aliaga. Según la narrativa fujimorista, ‘Porky’ es irresponsable, emocional y poco calculador, políticamente hablando. Y ese discurso está calando en algunos empresarios que podrían votar por alguno de estos dos partidos.
Algunos de esos empresarios, sobre todo los más desinformados, recién empiezan a darse cuenta de que Rafael López Aliaga no es un derechista conservador más. Que no porque sea empresario, era como los empresarios. Tras el affaire Balcázar, han empezado a ver en el exalcalde a un empresario heterodoxo que no respeta contratos. A un socialcristiano que no es tan pro empresa privada sino también pro Estado. A un candidato arrebatado y chúcaro que no tiene un plan B. En suma, a un personaje que sigue la ‘teoría del loco’ y, a sus ojos, es impredecible, volátil y arbitrario.
¿Se estaba buscando a un Trump? Pues ahí está. Se pidió a un candidato disruptivo de derecha (para poder hacerle frente a la izquierda radical) y trumpista, pero luego se sorprenden cuando aparece exactamente eso.
Lo que no entienden algunos empresarios es que ese carácter antisistema y radical que recién ahora les da tanto miedo es precisamente el factor que ha llevado a López Aliaga al primer lugar de las encuestas. Porque lo que ellos buscan en un gobernante (estabilidad, predictibilidad, orden) no es lo que el pueblo busca en un candidato (vehemencia, oposición, cambio). El motivo por el que lidera en Puno, no es el mismo por el que lidera en Lima. ¿Eso no fue siempre evidente?
¿O acaso pensaban que un derechista de manual iba a llegar tan lejos en un país tan disfuncional? El elector no quiere a alguien que siga las normas del status quo, porque es justamente la normalidad lo que está mal en el Perú (ese status quo que no le asusta al empresariado y que hoy encarna Acuña, corrompiendo ministerios y llevando candidatos con denuncias).
El gran elector quiere a alguien que se salte las reglas de juego para lograr cosas. Alguien que le saque la vuelta a las leyes para hacer obra y rompa con la burocracia corrupta en busca de un bien superior. En suma: alguien que proponga un verdadero cambio radical.
Finalmente, el dilema es engañoso. ¿Elegir a un personaje impredecible (e inmanejable) pero que por eso mismo tiene posibilidades de ganar o decidirse por un partido sólido que asegura gobernabilidad pero que genera demasiados anticuerpos para llegar al poder? La respuesta está implícita. Lo que no es un dilema es la falsa disyuntiva entre los candidatos de la segunda fila. Porque si se trata de elegir entre terceras opciones como José Williams o Wolfgang Grozo, basta con esperar quién empieza a crecer sustancialmente, más allá de algunos puntos a favor de Williams, Álvarez y Grozo. Pero eso aún no ha sucedido. Y por eso sería irresponsable salir a buscar al outsider a estas alturas, para que se desinflen ad portas de las elecciones.
Lo realmente importante, se vote por quien se vote, es buscar un voto útil y no desperdiciarlo en candidatos que no tienen oportunidad alguna. Y eso se definirá conforme avancen las últimas semanas de campaña. Porque los verdaderos radicales antisistema —no solo de forma, sino sobre todo de fondo— ya asoman la cabeza en las encuestas desde la izquierda de Alfonso López Chau, José Luna y Roberto Sánchez. Y este último, además, con la asistencia de cuadros del también radical Ronald Atencio.
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