Imaginemos a un estudiante peruano que hoy termina quinto de secundaria. Después de 11 años en el sistema educativo, debería estar preparado para comprender lo que lee, resolver problemas matemáticos y enfrentar con autonomía la siguiente etapa de su vida.
Imaginemos a un estudiante peruano que hoy termina quinto de secundaria. Después de 11 años en el sistema educativo, debería estar preparado para comprender lo que lee, resolver problemas matemáticos y enfrentar con autonomía la siguiente etapa de su vida.
Pero la ENLA 2025 nos obliga a detenernos: solo el 11,3% alcanza los aprendizajes esperados en Lectura y el 12,7% en Matemática. En otras palabras, apenas uno de cada diez estudiantes termina la educación básica dominando estas competencias fundamentales.
La pregunta es inevitable: ¿cómo hemos llegado hasta aquí después de tantos años y tantos recursos? En el 2015, el presupuesto de educación ya superaba los S/22 mil millones. Diez años después, llegó a S/48 mil millones y en el 2026 alcanzó S/49.424 millones. También hemos hecho un esfuerzo importante por nuestros docentes: entre el 2023 y el 2025 se destinaron S/3.087 millones para mejorar los ingresos de más de 426 mil maestros. El piso salarial pasó de S/2.600 a S/3.500.
Dignificar al maestro no es un gasto: es una inversión. Pero toda inversión debe producir resultados. Y aquí la ENLA 2025 ofrece una señal alentadora: hay avances en primaria, especialmente en escuelas rurales, y mejoras en Matemática en segundo de secundaria frente al 2023. Eso demuestra que sí es posible cambiar la trayectoria. Entonces, quizás estamos haciendo la pregunta equivocada. No deberíamos seguir preguntándonos cuánto dinero más necesita educación, sino cuánto aprendizaje adicional produce cada sol que invertimos.
Porque no todos los soles producen el mismo resultado. Hay programas que funcionan, escuelas que logran transformar contextos adversos y docentes que consiguen cerrar brechas. La propia ENLA identifica una asociación entre mejores resultados y factores como el acompañamiento pedagógico de las UGEL, la retroalimentación docente y determinadas prácticas de aula.
Allí está la oportunidad. El Perú necesita pasar de una política educativa centrada en cuánto gastamos a una centrada en qué logramos: medir resultados, identificar qué funciona, escalarlo, fortalecer la gestión de escuelas y la UGEL, acompañar al docente dentro del aula y detectar las brechas antes de que se vuelvan irreversibles.
Y, sobre todo, ¡dar continuidad a las políticas que demuestran resultados!
Porque un presupuesto puede crecer. Un salario puede mejorar. Una escuela puede construirse, pero el tiempo perdido de un niño que no aprendió no se recupera ni con otro presupuesto al año siguiente.