Escucha la noticia

00:0000:00
La democracia de la IA, la que aprende
Resumen de la noticia por IA
La democracia de la IA, la que aprende

La democracia de la IA, la que aprende

Resumen generado por Inteligencia Artificial
La IA puede cometer errores u omisiones. Recomendamos leer la información completa. ¿Encontraste un error? Repórtalo aquí
×
estrella

Accede a esta función exclusiva

La está buscando su próxima actualización. Y, como suele ocurrir con el software, las mejoras no siempre vienen del proveedor oficial: a veces las lanza la ciudadanía. Entre servidores de Discord y ministras basadas en IA, ¿estamos entrando a la era beta de la política digital?

A la política ya no se la juzga solo por sus instituciones, sino también por su arquitectura tecnológica. La esfera pública se ha expandido a lo digital. Pero pocas veces esa intuición se había puesto a prueba con tanta claridad como hoy. Tomemos el caso de Nepal. Una democracia joven: monarquía absoluta hasta 1990, casi 30 primeros ministros en poco más de tres décadas, mandatos que duran menos que la garantía de una PC. El Perú conoce esa sensación: ¡10 presidentes en ocho años!

Pero algo inédito ocurrió en Nepal: ante el descrédito de la clase política y la intervención estatal en Internet, la juventud trasladó la deliberación al único espacio que le ofrecía control, un servidor del videojuego Discord. No fue una travesura ‘geek’: fue un mecanismo emergente de representación. Eligieron moderadores, definieron canales temáticos, discutieron políticas y, finalmente, designaron una primera ministra para la transición hacia las elecciones del 2026.

En el mismo vecindario conceptual está Albania, donde una IA combate la corrupción desde dentro del Estado como ministra de contrataciones, auditando procesos donde la discrecionalidad es históricamente fértil para el interés privado.

¿Qué enseñanzas deja todo esto para el Perú? Primero: la innovación política no es tecnológica, es sociotecnológica. No basta con entregar la app, hay que encender la intención colectiva. Segundo: la ciudadanía joven está disponible, pero no para el guion tradicional. Su adhesión ya no se activa con mítines, sino con mecanismos de corresponsabilidad, donde su voz no sea una anécdota sino un insumo. Y finalmente: las estructuras del Estado suelen llegar tarde. Muy tarde. Cuando llegan.

Ad portas de unas elecciones sui generis, ¿alguien pondrá este tema en la agenda pública nacional? Ya hay candidatos hablando de criptomonedas. Falta que algún notable –a falta de políticos pro– hable de soberanía tecnológica, de interoperabilidad democrática, de conversación pública asistida por IA y de diseño institucional que reduzca los extremos y premie el consenso.

¡Hay tantas cosas decisivas en las próximas elecciones! Yo propongo una que no debería soslayarse más: no una democracia optimizada para los ‘likes’, sino una democracia que aprenda.

Porque la participación no debería limitarse al voto cada cinco años ni a los comentarios indignados en redes sociales. La participación debería cocrear las reglas del juego. Si Nepal puede ensayar un futuro sin pedir permiso y Albania puede dejar que un algoritmo supervise los contratos públicos, el Perú puede hacer más que “modernizar trámites”. Puede modernizar la representación misma.

Tal vez la próxima reforma política no se cocine solo en un Congreso fragmentado, sino en nuevos espacios digitales donde las mayorías no se imponen: se construyen.

Y quizás –si dejamos de apagar y encender el país como un módem destartalado– logremos por fin hacer que la democracia peruana pase de una eterna versión de prueba a una versión estable, de verdad.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Maite Vizcarra es Tecnóloga, @Techtulia

Contenido Sugerido

Contenido GEC