La usamos cada vez más, pero seguimos temiéndole. La inteligencia artificial ya está entre nosotros en el trabajo, aunque muchos aún no quieran verla.
Aunque en el Perú todavía no hemos puesto en el tapete, de manera explícita, su impacto en el mercado de trabajo, la inteligencia artificial generativa –IAGen– influye. Según una encuesta de Ipsos realizada a comienzos de este año, el 33% de los peruanos ya usa herramientas de IAGen en su trabajo. Y si miramos a quienes tienen entre 18 y 42 años, ese número escala al 58%. Además, la encuesta indica que la usamos cada vez más, pero más del 62% de las personas consultadas teme que esta tecnología termine eliminando puestos de trabajo. Hay una tensión curiosa: aprovechamos sus ventajas, pero seguimos imaginándola como una amenaza inminente.
Parece, entonces, que este asunto requiere de más contexto para identificar bien el real impacto de la IAGen en nuestros trabajos. Un estudio clave para comprender este fenómeno desarrollado por expertos de la Universidad de Pensilvania (Eloundou, 2024) estima que hasta el 15% de las tareas laborales en EE.UU. podría completarse significativamente más rápido gracias a la IAGen, sin pérdida de calidad. Y si se suman herramientas especializadas diseñadas a partir de estos modelos, el impacto se amplía: entre el 47% y el 56% de las tareas serían transformadas.
Entonces, no estamos ante una ola que arrasa, sino ante una corriente que nos obliga a aprender a nadar distinto.
Y ese nadar distinto, en mi opinión, se puede entender mejor desde lo que podríamos identificar como tres espacios en los que la inteligencia artificial influye. En estas tres áreas de nuestras vidas se producen tensiones que tenemos que aprender a gestionar pronto. Por ejemplo: la IAGen aumenta nuestra productividad y nos otorga más tiempo libre, pero entonces, ¿qué hacemos con ese tiempo? Productividad vs. equilibrio. O sabemos que la IA nos puede ayudar a resolver holgadamente una serie de problemas, aumentando las posibilidades de innovar, pero ¿y la creatividad humana dónde queda? ¿Cómo aprovechar la IA sin que nos estandarice las respuestas a todo? Innovación vs. creatividad. Y finalmente, ¿cómo aprendemos en los tiempos de la IA? Porque no es lo mismo aprender que educarnos. Y esa es la tercera tensión que es necesario aprender a gestionar. Aprendizaje vs. educación. Tres tensiones inevitables que debemos aprender a arbitrar si queremos que el futuro del trabajo sea sostenible, humano y con sentido.
Este 1 de mayo, bien podríamos celebrar que hay chamba, pero al mismo tiempo podríamos pensar si nuestro puesto seguirá, o si podríamos ir arribando a alguno de los nuevos perfiles que la IAGen ya nos ofrece. Conviene aprender a interactuar mejor con la IA, dialogar mejor con ella, porque tal vez nos convertimos en “especialista en interacción con la IA”. Igual que convendría conocer cómo actuar éticamente usando la IA, para evitar sus malos usos. Si nos capacitamos bien en esto, podríamos aspirar a ser un “auditor de ética de la IA”. Estos son solo dos de los cuatro perfiles laborales que países como Chile ya han definido recientemente a modo de facilitar la reconversión laboral que esta tecnología trae.
El futuro del trabajo no será ni 100% humano ni 100% artificial. Será un espacio compartido. Y, aunque la IAGen ya sea una copiloto hábil y veloz, no olvidemos: el volante sigue siendo nuestro.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.