Gracias a la irresponsabilidad del Congreso, que eliminó la primaria previa como filtro de cuántos partidos podrían participar en las elecciones, esta vez serán 43.
Como un último esfuerzo de sensatez, muchos abogaron para que se produjera la mayor cantidad posible de alianzas, cada una con varios partidos involucrados. Lamentablemente, el llamado casi no fue atendido. Como consecuencia, habrá más de 10.000 candidatos.
Ello significa que, si usted quiere votar de manera informada y responsable, tendrá que dar al menos una mirada a 39 planes de gobierno y conocer las biografías políticas, profesionales y judiciales de 39 candidatos a la presidencia y 78 a las vicepresidencias; esto último de especial importancia, dado lo ocurrido en los últimos años.
Pero eso no es todo. Ya sabemos del daño que puede causar un Congreso con una amplísima mayoría de gente incompetente y corrupta.
Complicado objetivo el de evitar que se repita. Por ejemplo, si usted vota en La Libertad deberá escoger a sus diputados entre 39 listas con siete candidatos cada una (7 x 39 = 273). Pero además elegiremos senadores, un cambio muy positivo que podría mejorar el Congreso. La dificultad está en escoger a los adecuados. Para ello deberá seleccionar entre los 30 que postulan a escala nacional (39 x 30 = 1.170) y los 39 que postulan para representar a su región.
En el caso de Lima, el reto es incluso mayor. Usted deberá optar entre 30 candidatos al Senado por distrito único (39 x 30 = 1.170) y entre los cuatro que postulan por Lima (39 x 4 = 156). Además, escoger entre 32 candidatos a diputados por Lima (32 x 39 = 1.248).
Con este inmanejable número de candidatos que las reglas vigentes permiten, los electores estamos ante una misión imposible.
Dada esa realidad, hay dos posibilidades para los electores. Una: que opten por refugiarse en aquellos partidos que ya conocen y hacer su selección dentro de sus listas.
Sin embargo, el elenco estable de la política peruana está extremadamente desprestigiado y la gran mayoría puede darles la espalda. En la más reciente encuesta sobre preferencias electorales, solo el 27% votaría por candidatos de los partidos representados en el Congreso (Ipsos, agosto). En la misma línea, el 69% prefiere votar por partidos nuevos y solo el 19% por los que ya conoce (Ipsos, junio).
Eso nos lleva a otro escenario: que la gente, tan indignada con quienes gobiernan y legislan, busque a alguien que pueda convencer de que no tiene nada que ver con el pasado.
En el Perú, la figura del ‘outsider’ se ha repetido, bajo distintas variantes, en casi todas las elecciones recientes. En el 2021 se llegó al extremo de que Pedro Castillo, que no aparecía en las encuestas 15 días antes de la votación, llegó como ‘mal menor’ a Palacio. Ello explica en gran medida la obsesión con el partido propio, que permita sacarse el huachito premiado. (“Si Castillo pudo, ¿por qué no yo?”).
Nos espera, pues, una campaña electoral en la que 39 candidatos presidenciales harán lo imposible por llamar la atención de los votantes. El debate oficial probablemente tenga que dividirse en cuatro fechas y, aun así, con unos pocos minutos de pantalla para cada uno. No esperemos, pues, debates sesudos de propuestas consistentes. Será lo contrario y creo que la puesta en escena para llamar la atención irá mucho más allá de ponerse un sombrerito como distintivo.
En conclusión: dadas las absurdas reglas que rigen estas elecciones, no tenemos cómo discernir entre la paja y el trigo, y dependemos de la mera suerte.
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