La nuestra es la elección con el mayor número de candidatos del mundo. No es motivo de orgullo, sino de preocupación.
Este es un país difícil de gobernar. Difícil de resolver.
Nuestros problemas son reales y extremos. La pobreza, el abandono, la falta de autoridad. Tenemos corrupción y abuso. Nos corroen la informalidad y, por supuesto, el crimen organizado y el no organizado.
El delincuente sale libre y el funcionario honesto es prejuzgado, acusado, perseguido. Consecuencia: nadie quiere hacer nada. Nadie quiere asumir la responsabilidad, nadie quiere firmar un documento, una autorización.
El país está inmóvil. Debería crecer a gran ritmo y parece un paquidermo. No hay seguridad jurídica. Las normas y las autorizaciones son un chiste.
No somos una buena plaza para invertir. Lo que hace crecer a un país es la inversión. El capital, grande o pequeño, al servicio de buenas ideas para atender las necesidades de la población.
Solo el crecimiento alto y sostenido permite reducir la pobreza. No el crecimiento miserable y a cuentagotas. No el crecimiento licuado por la producción ilegal y criminal.
Es fácil saber lo que está mal. Nos castiga y nos indigna. Nos retrasa. Dar un giro al estado de las cosas, sin embargo, no es fácil.
Se requiere un diagnóstico detallado de los problemas de cada sector. ¿Lo tienen los candidatos? ¿Tienen algún estudio sobre la informalidad, la inseguridad o el crimen organizado?
Quien quiera gobernar el Perú debe contar con equipos técnicos. ¿Qué partido ha sacado ventaja del rigor profesional de sus equipos, de sus candidatos al Congreso?
Entonces, ¿por qué se candidatean? Tenemos varios expresidentes en prisión. Tenemos varios casos de corrupción presidencial, congresal y municipal.
Alejandro Toledo llegó al poder trepado en la ola del antifujimorismo. Vizcarra también. Esa ola se desató debido a la desastrosa gestión política del fujimorismo, por su corrupción y su perverso uso del poder.
Esos políticos se aprovecharon del justo reclamo de la gente. Se hicieron populares. Cometieron actos de corrupción y destruyeron la ley y el derecho.
El sistema electoral nos lleva a un tipo de elección: la del peor o, en el mejor de los casos, la de quien no tiene la capacidad de revertir el desorden institucional.
Por eso tenemos tantos candidatos. Ninguno tiene intención seria de resolver. Tienen intención de obtener poder. Poder y más poder. Para cualquier cosa, salvo resolver los problemas que están destruyendo el futuro del Perú.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.