Esta semana, llegó de manera sorpresiva a Moscú el director general de la CIA, John Ratcliffe, una visita de la que solo hay trascendidos y ninguna comunicación oficial sobre los motivos detrás de ella, pero que ha sembrado una serie de especulaciones sobre las preocupaciones y advertencias que el jefe de la inteligencia estadounidense habría llevado al Kremlin.
La incertidumbre se hizo mayor cuando se difundieron videos de la bandera estadounidense siendo retirada de las ventanas de la legación diplomática en Moscú, dejando un montón de vacíos que, como suele pasar, se llenan con teorías de conspiración.
Diferentes medios estadounidenses han cruzado fuentes y han dado su versión de lo que puede haber ocurrido. Pero, sin duda, se trata de un gesto que muestra movimientos estratégicos, en medio de un contexto geopolítico global sumamente tenso.
Según fuentes de “The New York Times”, Ratcliffe viajó a Moscú para compartir en privado con los máximos jefes de seguridad rusas –no llegó a entrevistarse personalmente con Vladimir Putin– las sombrías perspectivas que EE.UU. tiene sobre la situación de la guerra en Ucrania, un conflicto que está empantanado y que no tiene visos de solución.
Sin embargo, medios como “The Wall Street Journal” y “Politico” han señalado que el objetivo principal fue hacerle una advertencia a Rusia sobre operaciones militares contra los países bálticos (Estonia, Lituania y Letonia), miembros de la OTAN. La preocupación se acrecentó tras recientes ejercicios y operaciones híbridas de las fuerzas de seguridad rusas cerca de la frontera con Estonia.
A fines del 2021, meses antes de la invasión rusa en Ucrania, el entonces director de la CIA, William Burns, también viajó a Moscú para advertirle a Putin sobre la guerra a gran escala que ya venían preparando, una coincidencia que hace elevar la visita de Radcliff de una mera diplomacia de rutina a una contención de crisis de alta gravedad.
No obstante, para el expresidente de Estonia Toomas Hendrik Ivses, actual influyente asesor de seguridad europeo, el verdadero motivo no ha sido Ucrania, sino el principal dolor de cabeza de Washington: Irán, y la ayuda continua que Rusia brinda a los persas en cuanto a información de inteligencia, a cambio de los drones baratos que los iraníes les proveen a los rusos.
No sería de extrañar que Radcliffe haya aprovechado su visita para tocar ambos temas: tanto la guerra en Irán, a la que Trump se metió creyendo que sería un paseo rápido; y la de Ucrania, que también pensó que podría resolver en tiempo récord. Sin embargo, no ha cumplido ni lo uno ni lo otro, mientras tiene las elecciones legislativas a la vuelta de la esquina.