Vladimir Cerrón se vanagloria de haber llevado a Perú Libre por segunda vez al gobierno. Y simultáneamente, toma distancia del nuevo presidente José María Balcázar. Queda claro que ha aprendido la lección del 2021.
Porque esta vez, Cerrón no celebra antes de tiempo. Da mensajes ambiguos, matiza sus opiniones otrora maximalistas e incluso niega que haya indultos en la agenda presidencial. El prófugo candidato niega públicamente tener influencia sobre el flamante presidente (“no hablo con él desde el 2023”). Pero eso sí: da la cara en decenas de entrevistas -mi favorita, la de Diana Seminario-. Es su manera de marcar territorio y decir “aquí estoy”.
La lección aprendida fue resumida en un tuit cerronista de los tiempos de Castillo: tenemos el gobierno mas no el poder. Esta aseveración es clave para comprender la dinámica izquierdista detrás de los rezagos del castillismo y el retorno del cerronismo. Para la narrativa perulibrista, los poderes fácticos no le permitieron a Castillo gobernar. Y terminaron sacándolo. Una mentira conveniente que encaja en la narrativa victimista de Castillo y de la izquierda. Porque para la lógica marxista, no basta con tomar el poder: también es necesario entronizarse en él eternamente. Y por eso la lucha debe ser larga y nunca acabar. El comunismo, finalmente, es un ideal socialista, una sociedad utópica sin clases a la que nunca se llega. Y el “socialismo realmente existente” o “socialismo real” es solo un peldaño en esa escalera. Ya lo explicó Cerrón citando a Lenin: la ruta al poder muchas veces es en zig zag. Y tiene marchas y retrocesos. Y recodos, como lo dijo Abimael en su captura.
A la lógica comunista se le suma la mera lógica electoral. Cerrón está en campaña y también por eso necesita ubicarse en la oposición. Ser gobierno desgasta rápidamente. Y como el peruano suele votar por el opositor al gobierno de turno, Perú Libre debe ubicarse en la orilla opuesta al poder.
Perú Libre pretende ser gobierno y oposición a la vez, ser oficialista y anti establishment, todo en uno. Y para ello requiere victimizarse y ubicar a un enemigo que no le permita a Balcázar gobernar (los poderes fácticos, otra vez). No le será difícil. Después de todo, la izquierda es experta en infiltrar gobiernos y luego no hacerse responsable de los pasivos políticos. En tomar el poder por asalto y al mismo tiempo encarnar el reclamo en las calles. Ya lograron una pequeña hazaña: reelegirse. Volver al poder tras el nefasto gobierno de Pedro Castillo. Algo impensado para cualquier otro partido político peruano.
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