En apariencia, Roberto Sánchez, candidato a la presidencia de Juntos por el Perú, tiene solo una rival al frente en las elecciones de segunda vuelta de la próxima semana. Una mirada más acuciosa, sin embargo, podría sugerir que quizá otro de los personajes que enfrentará entonces será la versión del propio Roberto Sánchez de primera vuelta. Mientras el candidato intenta ahora transmitir una versión más moderada, su propio plan de gobierno, sus aliados, su trayectoria en el Congreso, y sus dichos pasados lo ponen en evidencia.
En apariencia, Roberto Sánchez, candidato a la presidencia de Juntos por el Perú, tiene solo una rival al frente en las elecciones de segunda vuelta de la próxima semana. Una mirada más acuciosa, sin embargo, podría sugerir que quizá otro de los personajes que enfrentará entonces será la versión del propio Roberto Sánchez de primera vuelta. Mientras el candidato intenta ahora transmitir una versión más moderada, su propio plan de gobierno, sus aliados, su trayectoria en el Congreso, y sus dichos pasados lo ponen en evidencia.
Ayer, por ejemplo, el exministro de Pedro Castillo y actual congresista firmó un documento llamado “Compromiso por el Perú” que, palabras más, palabras menos, matizaba parte de la agenda radical que lo había llevado a segunda vuelta. Con ello pretendía pasar por agua tibia sus amenazas de expropiaciones de empresas relacionadas a la explotación de recursos naturales, los controles de precios, el llamado a una asamblea constituyente, entre otros despropósitos. El tono de moderación es similar al que ha intentado imprimir –con poco éxito y mucha tergiversación de datos– su nuevo equipo técnico, con personas como Pedro Francke, el exministro castillista, a la cabeza.
Es usual que los candidatos en segunda vuelta intenten acomodarse hacia centro político para apelar a nuevos bolsones electorales. Lo que no es normal, honesto, ni creíble es que renieguen de todo su planteamiento anterior. En primer lugar, es una falta de respeto con las personas que les confiaron su voto en primera vuelta bajo ciertas promesas e ideas, aún si estas fueran equivocadas o extremistas. El plan de gobierno que presentaron en diciembre sigue vigente con todas sus letras y radicalismo, lo quieran o no. Y aliados como Antauro Humala no se esconden debajo de la alfombra con facilidad; las plataformas que se escogen en primera vuelta a cambio de un puñado de votos tienen consecuencias luego.
En segundo lugar, el intento de viraje brusco y de conformación de equipo técnico exprés revela más improvisación y acomodo conveniente que reflexión sincera. Lo más probable, como se vio durante el gobierno de Castillo, es que estos compañeros circunstanciales perduren cerca del poder solo el tiempo estrictamente necesario para capturarlo.
Más que una reconversión ideológica, lo que destilan los nuevos amagues de Sánchez es oportunismo e hipocresía. Es decir, nada nuevo para alguien que acompañó a Castillo en el Gabinete durante todo su mandato y que ahora quiere desdecirse de sus últimos cinco años como congresista.