Desde mi formación como profesional en enfermería, he comprendido que nuestro rol es esencial. Sin embargo, más allá de lo práctico, enfrentamos un desafío constante: garantizar un cuidado humano y empático. ¿Priorizamos el bienestar emocional del paciente tanto como el físico? ¿Se valora la salud mental del personal de enfermería?
En 1979, Jean Watson transformó la enfermería con su teoría del cuidado humano, que resaltaba la empatía y la escucha activa en la relación con el paciente. Sin embargo, en la práctica actual, aún observo falta de vocación y empatía. Esto puede relacionarse con estudios como los de Cabrera-Pomasqui y Juna y Romero-Fernández, que han demostrado que el estrés y el agotamiento impactan de forma negativa en la atención. Según la OMS, más del 40% de los enfermeros presentaron ansiedad y fatiga tras la pandemia, lo que evidenció nuestro crucial papel en la primera línea. Durante la crisis, los enfermeros no solo brindamos asistencia médica, sino también apoyo emocional en un entorno de temor y dolor. Si esta realidad no se aborda desde la formación, tendremos profesionales desgastados antes del inicio de su ejercicio laboral.
Por ello, es fundamental fortalecer el enfoque humanista en la educación. Las universidades deben priorizar el bienestar mental de los estudiantes y fomentar habilidades interpersonales. Además, el Estado debe asegurar recursos médicos y mejorar las infraestructuras hospitalarias. Sin estas acciones, la calidad de atención se ve afectada. Formar enfermeros con vocación y ofrecer condiciones adecuadas es una tarea en conjunto. Solo así aseguraremos un sistema de salud que valore y priorice el cuidado humanizado que todos merecemos.