Fútbol peruanoUna bodega es más que un negocio: es ese lugar donde el barrio encuentra lo que necesita para el día a día, desde un producto de último minuto hasta una palabra amable. Mery Eliana Johnson Canales lo supo desde muy niña. A los 6 años ya soñaba con tener su propia tiendita. En 1986, ese sueño tomó forma en la sala de su madre, con apenas tres metros de espacio y un carrito lleno de ilusión. Hoy, “Hansel y Gretel” es un negocio consolidado que ha crecido con perseverancia y el apoyo clave de Industrias San Miguel (ISM).
“Yo siempre digo que si el ave fénix renació de las cenizas, yo también puedo hacerlo”, afirma Mery al recordar los momentos difíciles que enfrentó para sostener su emprendimiento. El más duro: la pérdida de su esposo, que la convirtió en madre y padre de sus cuatro hijos. Pero nunca bajó los brazos.
Con el tiempo, su tienda fue creciendo. La gran transformación de “Hansel y Gretel” sucedió con la llegada de ISM, justo cuando la empresa lanzaba la bebida Cool. “Me pintaron la fachada de verde con la marca. Yo me sentía feliz siendo parte de ellos desde ese momento”, recuerda emocionada.
“Para mí trabajar con ISM es seguir creciendo”, sostiene. Hoy, Mery forma parte del programa “Mejorando Mi Bodega” , una iniciativa que le ha permitido acceder a capacitaciones que —según sus propias palabras— “le abren la mente al bodeguero”. También, gracias a esta alianza, ha recibido equipamiento clave que le permite exhibir mejor su mercadería. “Nos dejan las máquinas, los anaqueles, todo para lucir bien los productos”, destaca.
Otro de los grandes aportes de ISM es la distribución directa hasta la puerta de su casa. “Ya no salgo a buscar a los mayoristas”, comenta aliviada. Ese tiempo ganado lo invierte en atender a sus clientes y seguir fortaleciendo el negocio. Entre sus productos más vendidos están las aguas saborizadas Loa, Kola Real, Cool y Cris, todos muy solicitados en su barrio.
Además, Mery es una orgullosa integrante de la Asociación de Bodegueros del Perú (ABP), con más de ocho años participando en capacitaciones y encuentros. “Nos enseñan, nos dan respaldo y, sobre todo, nos motivan a no tener miedo”, señala, en referencia al contexto difícil que viven muchos negocios como el suyo.
Desde su bodega en San Martín de Porres, donde creció cargando baldes para conseguir agua, Mery mira con orgullo lo que ha logrado. “Mi mamá me enseñó a luchar y a no temerle a nada. Hay que trabajar siempre”, cuenta, mientras atiende a un cliente. “Trabajo por mis hijos, y quiero dejarles un legado: que nunca se rindan”, afirma.
Hoy, con el respaldo de ISM, su sueño de “seguir creciendo y seguir luchando” está más vivo que nunca. Sabe que el camino no siempre es fácil, pero tiene claro que la constancia, el aprendizaje y los aliados correctos marcan la diferencia. Mery y la bodega “Hansel y Gretel” son prueba viva de eso.
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