OpiniónLas infusiones han acompañado durante años las rutinas de quienes buscan una bebida caliente y reconfortante, desde una taza de manzanilla hasta una de anís. Sus posibles beneficios dependen de la planta utilizada, pues muchas contienen compuestos que pueden contribuir a proteger las células frente al daño oxidativo. Sin embargo, sus propiedades no significan que puedan reemplazar un tratamiento médico cuando existe una enfermedad o condición de salud. Aun así, para muchos consumidores, abrir una bolsita y dejar que sus hojas liberen sabor y aroma forma parte de un ritual cotidiano. Pero ese gesto, aparentemente inofensivo, podría merecer una segunda mirada.
La costumbre de preparar una infusión parece sencilla: calentar el agua, colocar la bolsita y esperar unos minutos antes de beberla. Sin embargo, conocer qué contiene realmente el producto y cómo ha sido elaborado resulta importante antes de convertirlo en un hábito diario. No todas las plantas tienen las mismas propiedades ni producen los mismos efectos en el organismo. Por ello, detrás de una taza que parece común puede existir una historia que comienza mucho antes de llegar a la cocina. Así, la próxima vez que tengas una bolsita de manzanilla o anís entre las manos, quizá valga la pena detenerse un momento y mirar más allá de la etiqueta.
¿De qué material está hecho las bolistas de infusiones por lo que los investigadores han comenzado a preocupar?
Las bolsitas de té parecen un recurso práctico: basta con sumergirlas en agua caliente para tener una bebida lista en pocos minutos. Sin embargo, detrás de esa comodidad puede esconderse un problema que va más allá de los residuos que terminan en el ambiente. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad McGill, en Canadá, puso la lupa sobre cuatro tipos de bolsas de té y las sometió a agua hirviendo. El análisis reveló que algunas de estas bolsas pueden liberar una gran cantidad de partículas plásticas durante la preparación. El hallazgo abrió una nueva preocupación alrededor de un hábito cotidiano.
Los investigadores estimaron que una sola bolsita podía liberar alrededor de 11.600 millones de partículas microplásticas durante la infusión. Pero el dato no termina allí: también se detectaron hasta 3.100 millones de partículas nanoplásticas, de tamaño aún menor. Según el estudio, la cantidad de partículas encontrada fue superior a la reportada previamente en otros alimentos y bebidas. Así, aquel pequeño sobre que normalmente termina en una taza adquiere una dimensión inesperada cuando entra en contacto con el agua hirviendo. La investigación plantea preguntas sobre la exposición a estos materiales y vuelve a poner bajo escrutinio un producto habitual en millones de hogares.
¿Cuál es composición del material utilizado en las bolsitas de té que los especialistas manifiestan?
El Dr. Federico Baena advierte que las bolsitas de infusión no son necesariamente de papel, como muchos consumidores imaginan al preparar una taza de té. Según explica, una gran parte de estos productos está fabricada con nylon y tereftalato de polietileno, materiales plásticos que entran en contacto directo con el agua caliente. En ese momento, señala el médico, pueden desprenderse partículas de microplásticos y nanoplásticos. La advertencia cambia la percepción de aquel pequeño sobre que acompaña la rutina de millones de personas. Lo que parece papel podría contener, en realidad, una proporción importante de materiales sintéticos.
La preocupación también alcanza al destino de estas bolsitas después de preparar la bebida. El portal Vivir sin plástico señala que no todas pueden compostarse debido a la presencia de componentes plásticos en su estructura. En el Reino Unido, diversos fabricantes reconocieron que algunas bolsas estaban compuestas entre un 70 % y 80 % de material biodegradable, principalmente papel, mientras que el porcentaje restante correspondía a polipropileno resistente al calor. Así, una bolsita que parece destinada a desaparecer junto con los residuos orgánicos puede conservar componentes plásticos. El detalle, invisible durante la preparación, aparece cuando se observa con mayor atención qué hay realmente dentro de aquella taza.
De esta manera se puede reconocer si una bolsita de té está hecha con plástico al momento de usarla
Cuando una bolsita de infusión llega a la taza, su apariencia puede hacer pensar que se trata únicamente de papel. Sin embargo, existe una manera sencilla de poner a prueba esa percepción: acercarla al fuego y observar cómo reacciona el material. Esta prueba puede revelar la presencia de componentes sintéticos a través de un olor característico, diferente al que desprende el papel al quemarse. El procedimiento busca identificar de forma preliminar si la bolsita contiene algún tipo de plástico. Pero el resultado debe interpretarse con cautela, ya que quemar materiales puede liberar sustancias irritantes o nocivas.
La razón de la presencia de estos componentes está relacionada con la resistencia de las bolsitas durante la preparación de la bebida. En muchos casos, se incorporan materiales plásticos para evitar que el tejido se deshaga al entrar en contacto con el agua caliente. Así, mientras la bolsita permanece intacta dentro de la taza, también puede estar escondiendo una composición diferente a la que aparenta. Por ello, conocer los materiales utilizados en su fabricación resulta más útil que guiarse únicamente por su aspecto. Y antes de convertir una prueba casera en una costumbre, lo recomendable es revisar la información proporcionada por el fabricante.
Si estás bolsitas de té son dañinas para el organismo ¿Cómo se podrá reemplazar las bolsitas de té?
El Dr. Baena plantea una alternativa para quienes quieren continuar disfrutando de sus infusiones sin depender de las tradicionales bolsitas. Su recomendación es comprar el té o las hierbas a granel y utilizar un infusor metálico para preparar la bebida. Según explica, este material soporta temperaturas de infusión más elevadas que el plástico, por lo que se evitaría la liberación de partículas asociada a algunos componentes sintéticos. La preparación cambia entonces de un pequeño sobre a un utensilio reutilizable que permite controlar mejor los materiales que entran en contacto con el agua. Así, una costumbre cotidiana puede transformarse con un sencillo cambio.
Pero si las bolsitas ya están en la despensa, no es necesario desechar todo lo comprado, según la recomendación del especialista. Una opción consiste en abrirlas, retirar el contenido y colocarlo en otro recipiente para luego utilizar un infusor metálico durante la preparación. De esta manera, las hierbas siguen aprovechándose, pero se evita el contacto directo de la bolsita con el agua caliente. El consejo busca ofrecer una alternativa práctica para quienes quieren reducir su exposición a materiales plásticos. Al final, cambiar la bolsita por un infusor puede convertirse en un pequeño gesto dentro de la rutina diaria.











