RespuestasPara quienes hemos visto de cerca los pasos que viene dando Alan Ritchson en cine y televisión, la premisa no ha cambiado: talento si de acción se trata, dificultades cuando el drama se abre paso. El actor de 43 años se desprende esta vez de su popular personaje en la serie “Reacher” (Prime Video) para protagonizar “Máquina de guerra” (“War Machine”, por su título en inglés), la nueva gran apuesta de Netflix para sus más de 300 millones de suscriptores en todo el mundo.
Basada en las novelas de Lee Child y con la adaptación del genio de la TV Nick Santora, “Reacher” cuenta la historia de Jack Reacher, retirado policía militar que va por los Estados Unidos de Norteamérica cumpliendo diversas misiones que le exigen no solo usar sus puños, sino también su innegable inteligencia. En el camino se apoyará de algunos de los exintegrantes de su batallón, quienes confían en él y, cada vez que pueden, intentan gastarle alguna broma para cambiar su habitual gesto adusto.

La mención al humor no es menor porque, por lo menos en las tres temporadas ya estrenadas de “Reacher” no se precisa mucha atención para confirmar que Ritchson posee toda la capacidad para ser el actor de acción del momento, claro que sí. La situación cambia cuando el guion aborda terrenos dramáticos. El humor es, digamos, un terreno a medias en el que el nacido en Dakota del Norte tiene altibajos, pero que claramente ha ido mejorando a lo largo del tiempo.
Las carencias en cuanto a la interpretación dramática, por llamarla de alguna forma, se trasladan a “Máquina de guerra”. La película de Patrick Hughes no se guarda sus cartas desde el inicio: parece un producto fabricado para romper los ránkings de Netflix. Estamos ante una historia de supervivencia bélica en la que un batallón de aspirantes a comandos Ranger deben enfrentarse a una máquina presuntamente alienígena –por esto algunos ubican la propuesta en el género de la ciencia ficción—con nada menos que ‘81’ (código asignado al personaje militar de Ricthson en la cinta) como líder de su equipo.

Con una larga tradición en cuanto a películas bélicas, Hollywood presenta ciertas reglas de oro que no son la excepción en “Máquina de guerra”. Los instructores férreos y sin espacio para las bromas, los equipos integrados mayoritariamente por varones, la intensidad de los ejercicios, y el amor a la patria acompañan una línea argumental, digamos, simple: ‘81’ quiere ser seleccionado como Ranger para homenajear el deseo de su hermano, fallecido en un atentado sufrido en Afganistán.
Esto último es, dicho sea de paso, el inicio de “Máquina de guerra”. ‘81’ bromea con su hermano en medio del desierto. Son dos militares que parece felices con su presente. De pronto disparos y explosiones arrasan con todo. Lo chocante de la situación conlleva a otro elemento abordado repetidamente por las producciones de cine y televisión: el estrés postraumático en la milicia.

No resulta necesario ver las circunstancias en las que el hermano de ‘81’ ha sido enterrado u homenajeado por el Ejército de los EE.UU. De un momento a otro tenemos a nuestro protagonista en los campos de entrenamiento de Colorado, dispuesto a superar prueba tras prueba “hasta cruzar la línea de meta”. En el camino, por supuesto, no solo lo físico será obstáculo, sino también lo emocional: 81 no desea liderar ningún equipo. Tampoco parece saber cuándo una prueba de resistencia ha sido terminada. Así no sorprende que terminara ahogándose en una piscina.
Saltando brevemente la exigencia dramática de Ritchson al interpretar a un militar que no ha podido superar el trágico final de su hermano, “Máquina de guerra” cumple satisfactoriamente con una serie de elementos propios del género. Tal vez recurriendo a salidas fáciles –como convocar al eterno Dennis Quaid para ser un mando superior de los Rangers o al propio Esai Morales como otro jefe de instrucción--, la cinta logra propiciar una atmósfera innegable.

Otro punto a favor, claramente, tiene que ver con los aspectos técnicos. “Máquina de guerra” es en un 40% las escenas de acción del pelotón de aspirantes a Rangers huyendo o resistiendo las embestidas de la supuesta máquina extraterrestre. En esa línea, el añadido de un tanque militar blindado a disposición de la ‘huida’, ciertamente, podría considerarse como otro check. Y es que, dotar de realismo situaciones algo inverosímiles como la ‘llegada’ de una aeronave indestructible no es cosa fácil.
El segundo elemento que suma indudablemente en esta propuesta de Patrick Hughes tiene que ver con el desempeño del elenco. Dejando por fuera a rostros reconocidos como Quaid y Morales (sobre los que no hay mucho más que analizar), “Máquina de guerra” tiene aspirantes a Rangers valientes, leales, pero sobre todo convencidos de querer pertenecer a su institución. Destacan, pues, Blake Richardson como el agente 15, Alex King como la chofer del tanque (agente 44), pero, sobre todo, Stephan James como el agente número 7. A su manera, cada uno apoya a Ritchson quitándole cierto peso en las casi dos horas que se extiende la película de Netflix.

Teniendo siempre claro que la apuesta en “Máquina de guerra” es cómo un grupo de valientes aspirantes a Rangers se enfrentan a un aparato –supuestamente—extraterrestre, es potestad del espectador priorizar o no el drama que el personaje de Ritchson tiene entre manos: la muerte no procesada aún de su hermano menor en pleno campo de batalla. En esa línea, cada vez que el pelotón a su cargo es atacado o sufre alguna baja, nuestro protagonista será víctima de incómodos flashbacks que le recuerdan si acaso hizo lo suficiente o no para salvar a su hermano. La persistencia de esta interrogante moral/afectiva se convierte en un obstáculo para el agente ‘81’, del cual solo podrá salir valiéndose de algo más que sus músculos.
Evaluar el nivel de “Máquina de guerra” muy probablemente requiera, en primer lugar, ubicarla en el género adecuado. Desde la mera acción, o incluso en menor medida desde la ciencia ficción, la propuesta de Patrick Hughes cumple con las exigencias. Esta es una película entretenida, bien acompañada de efectos especiales y con un elenco parejo. Trasladando la historia a un segundo nivel, en el que lo dramático debe ser el indicador clave, el largometraje de Netflix luce más bien débil e incapaz de permanecer en nuestra memoria a través del tiempo.
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