El camino a la excelencia lo construyen los inconformes. Lee la columna de Luciana Olivares. (Ilustración: Kelly Villarreal / Somos)
El camino a la excelencia lo construyen los inconformes. Lee la columna de Luciana Olivares. (Ilustración: Kelly Villarreal / Somos)
Por Luciana Olivares

Aunque nos cueste admitirlo, somos una sociedad a la que no le gusta ser frontal. Preferimos el limbo del ‘quizás’, la esperanza viva del ‘déjame revisarlo’, el cumplido fácil versus la crítica. Esta situación no solo se presenta en nuestra vida personal, en la que preferimos mirar al lado para no hacer sentir mal al otro, ni quedar mal nosotros. No decirle la verdad al de al lado, así duela, es privarlo de poder crecer y evolucionar. Preferimos evitarnos un momento incómodo, escudados en esta verdad a medias: “No es de mi incumbencia”. Preferimos sentarnos cómodamente en el sillón de lo políticamente correcto porque criticar, así sea con fundamento, opinar distinto, corregir con argumento, puede llevar a que uno sea tildado de agresivo, conflictivo o de mala educación.

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