Ángel Yaicate, habitante de Yanayacu, sostiene un voluminoso tucunaré atrapado en una de las lagunas vecinas a la comunidad. Foto: Natalia TamarÍz
Ángel Yaicate, habitante de Yanayacu, sostiene un voluminoso tucunaré atrapado en una de las lagunas vecinas a la comunidad. Foto: Natalia TamarÍz
Ramiro Escobar / Mongabay Latam

Desde las profundidades del río Apayacu, en la región amazónica de Loreto, emerge un enorme con pequeñas manchas rojizas, una escena que parece extraída de un cuento selvático. Se vuelve a sumergir mientras exhibe en el camino su enorme cola y sus escamas brillantes. Ha perturbado el río sereno y de color barroso. Para quienes admiran el momento, el salto es una buena noticia.

“Allí ha boyado”, dice Jorge Alvear desde un peque-peque. El pescador apunta hacia el lugar donde el inmenso pez acaba de zambullirse. Su compañero Ledgar Gómez anota en un cuaderno la aparición de este formidable ejemplar de Arapaima gigas, la especie de pez más grande de los cuerpos de agua amazónicos. Hasta hace unos años no era tan sencillo verlo por aquí. Eso ha cambiado gracias a una paciente labor de los habitantes de la comunidad de Yanayacu, poblada en un 70% por la etnia yagua y ubicada a unas 12 de horas de viaje en barco desde Iquitos.

JORNADA DE CENSO

Se oye a lo lejos el sonido de un silbato y Gómez empieza a mover el peque-peque. Avanza sin tropiezos a través de la corriente, mientras aguas arriba se divisa otra embarcación. Al cabo de unos minutos, otra vez se escucha el mismo sonido agudo. El censo ha empezado en el Apayacu.

Un enorme paiche es levantado por dos comuneros de Yanayacu. Antes, pescadores furtivos entraban al río Apayacu, que baña a este pueblo, y se levantaban esta especie sin piedad. Hoy se pesca en clave sostenible Foto: Instituto del Bien Común.
Un enorme paiche es levantado por dos comuneros de Yanayacu. Antes, pescadores furtivos entraban al río Apayacu, que baña a este pueblo, y se levantaban esta especie sin piedad. Hoy se pesca en clave sostenible Foto: Instituto del Bien Común.

Alvear explica que son 10 botes que deben detenerse en ciertos puntos cada 30 minutos. “El paiche sale cada 25 minutos y lo vamos registrando”, dice. Cada peque-peque supervisa una franja del río, y cubre 50 metros hacia arriba y 50 metros hacia abajo.

En dos paradas hemos observado 11 ejemplares. “Todos adultos”, agrega Alvear con entusiasmo. La ventaja es que están censando un pez que necesita salir a la superficie para respirar. Para suplir las limitaciones de sus branquias, el paiche posee en el dorso lo que el biólogo Roy Lozano, de la Dirección Regional de Producción de Loreto, llama “un pulmón primitivo”. Esta característica hace más sencillo el censo.

MULTIPLICACIÓN DE PECES

De acuerdo con el Instituto del Bien Común (IBC), que apoya técnica y científicamente esta labor, en el 2012 se registraron 68 paiches en el río Apayacu. A fines del 2019, la cifra subió a 418. Para lograr este crecimiento aplicaron tres claves: la vigilancia comunal para evitar a los pescadores ilegales; el monitoreo constante de lo que se extrae, sobre todo de especies de consumo diario como el tucunaré y el paco; y, por supuesto, el censo anual del gigante amazónico. A partir de 2017, cuando la población de paiche creció y llegó a estabilizarse, se fijó una cuota de captura del 10% de los ejemplares censados.

En la última jornada de extracción, realizada en agosto pasado, la Asociación de Pescadores y Procesadores Artesanales ‘Manatí’ de Yanayacu –a la que pertenecen Alvear y casi todos los habitantes de la comunidad– tenía permiso para capturar 27 paiches. Como no siempre es posible pescarlos todos, extrajeron 19 adultos. La empresa Andes Amazon Foods se los compró a 18 soles el kilo. Cada paiche mide casi tres metros y llega a pesar 200 kilos, así que la ganancia bordeó los 30 mil soles.

Dos vendedoras de pescado ofrecen la pesca del día en el mercado de Belén, en Iquitos. Las lagunas de Yanayacu y de otras comunidades, así como varios ríos, abastecen a la población iquiteña con la mejor proteína amazónica. Foto: Natalia TamarÍz
Dos vendedoras de pescado ofrecen la pesca del día en el mercado de Belén, en Iquitos. Las lagunas de Yanayacu y de otras comunidades, así como varios ríos, abastecen a la población iquiteña con la mejor proteína amazónica. Foto: Natalia TamarÍz

No es poca cosa si se tiene en cuenta que hasta el 2011 predominaba la anarquía pesquera. “Venían pescadores furtivos, cercaban el río Apayacu de orilla a orilla con una malla grande e iban espantando a los peces hacia ella”, cuenta Alvear. Se solía tirar hacia el fondo del río una botella de plástico llena de huecos con piedras, y a la vez llena de gasolina. Iba descendiendo lentamente, atontaba a los peces y mataba a las crías. Otra era usar el barbasco, una planta leguminosa mortal para los peces y otras especies. Los yaguas no eran entonces tan conscientes de lo que estaban perdiendo.

Según el IBC, en Yanayacu el consumo anual per cápita diario de pescado es de 157 kilos. Alrededor del 87 % de las proteínas consumidas. Es el pan de cada día. Hoy el paiche se pesca con malla y otras especies con anzuelo y de carnada pequeños trozos de sardinas, bajo la habitual premisa de que el pez grande se come al chico. Se conoce que el tiempo de reproducción de especies como el paiche es de octubre a enero, por lo que hay que respetar la veda estrictamente. Es un instinto de supervivencia que marca la ruta hacia una pesca sostenible.

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Conoce aquí un resumen del trabajo de los comuneros de Yanayacu:

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