Por Juan Luis Del Campo

Un planeta alienígena con un cielo carmín iluminado por distantes explosiones. De repente, una voz de alerta; uno de mis compañeros ha solicitado una lluvia de morteros en mi posición. Corro, salto y hasta me arrastro para llegar a una posición segura, pero mi frenética evasión me ha llevado directamente a un nido de ‘terminids’ - gigantescos insectos parecidos a los zerg de “Starcraft”- que terminan por descuartizarme en pedacitos. La paz de la tumba no dura mucho y 20 segundos después estoy descendiendo de la estratósfera para nuevamente pelear por la democracia.

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