Por Lilia Córdova Tábori

Geniogramistas inundaron El Comercio y la calle. Así describía el decano la jornada vivida un 22 de diciembre de 1966 cuando nuestra sede principal resultó estrecha, pese a su amplitud, para contener a la masa de geniogramistas que acudieron hasta la noche con el propósito de depositar las soluciones del “Geniograma Gigante de Navidad”. Los que no podían ingresar a nuestras instalaciones utilizaban autos como si fueran mesas para escribir las últimas respuestas del geniograma navideño.

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