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-¿Para ti eran muy especiales los partidos con Sporting Cristal?
Claro que sí, pasan esas situaciones pero no mides la magnitud hasta que han pasado unos años. Los partidos con Cristal eran muy especiales por las cosas que pasaban en el campo, pero también por los asuntos extradeportivos. Los árbitros siempre eran favorables para Cristal y nosotros sabíamos que para ganarles teníamos que salir corriendo con todo desde el arranque.
-¿Te habías quedado con una espina del partido de 1996?
Claro, el famoso arbitraje de Jorge Torres. En ese partido me pateó Pedro Garay y hasta ahora me sigue doliendo. Fue una falta descarada y no lo expulsaron. Por eso los partidos con Cristal los jugábamos a muerte, incluso que más intensidad que con Alianza. Clásico es clásico, pero teníamos esa bronca con Cristal por todo lo que estoy contando. Hasta que llegó esa oportunidad de la final de 1998.
-¿Tu gol en el partido de ida sientes que fue decisivo?
Pienso que sí, ellos nos estaban ganando tranquilos 2-0 en ese partido. Con ese tanto ya cambiaba la historia, ya iba a ser otro partido el de vuelta. Aparte la manera cómo se marcó ese gol fue a pura garra, “a puro huevo”. Hice una pared con Ciurlizza, Zabárbulo quiere poner la pierna, pero no puede hacer nada porque yo venía corriendo con una fuerza enorme que casi le arranco la pierna. Después viene mi compadre Miguel (Rebosio) quiere salir, pero duda un poco. Yo seguí corriendo hasta después de meter el gol, me acuerdo que salté la valla de publicidad. Estaba con mucha euforia, fue un gol que nos dio vida. Y luego pude coronar en el partido de vuelta con el gol en la definición por penales. Fue mágico para mí, el inicio del tricampeonato de la U.
-¿Estabas en la lista inicial de los pateadores de penal?
Fue un momento lindo. Recuerdo que el estadio estaba lleno de hinchas cremas en las tribunas. Como habíamos perdido el partido de ida y como el partido se jugaba en día de semana, mucha gente pensaba que no se iba a llenar el estadio. Y se llenó, casi todo de la U. La verdad no es que me haya pasado mucho tiempo practicando penales, sin embargo sentía esa confianza que se dio en el momento de la definición. Osvaldo Piazza, el técnico, nos preguntó al final quiénes querían patear y dije “yo”. Yo fui con mucha personalidad, incluso acomodé la pelota dos veces y me besé las dos manos. Pude patear bien y quedé muy contento porque quien seguía era Esidio, que estaba en un gran momento.
-¿Se sintieron muy superados en ese partido de ida hasta tu gol?
Ellos se creían fijos. Nuestro gol fue con garra. Cada vez que veo la repetición de la jugada me sorprendo cómo corro decidido. Tú lo ves por televisión y desde antes sabes que va a terminar en gol. Mi gol fue psicológico y muy especial para mí. Todo el mundo me preguntaba por qué jugaba tan bien con Cristal. Eran partidos que jugábamos con intensidad, los dos equipos nos poníamos toperoles. A la U siempre le costó más con Cristal por los árbitros. Siempre nos expulsaban a alguien, pero así con 10 jugábamos mejor.
-Digamos que la rivalidad también creció porque, en esos años noventa, a Alianza Lima le costaba más ser protagonista de los torneos.
Todos nos contagiábamos esa garra, el ‘Cheta’ Domínguez jugando vendado, Ibáñez poniendo siempre el pecho siempre. Y los extranjeros que iban llegando al equipo. Cristal tenía lo suyo, era un equipo muy bien reforzado con extranjeros como el paraguayo Ferreyra. Eran “los partidos” con Cristal. Alianza Lima no estaba en los planes en esos años. Además teníamos como presidente a Alfredo Gonzáles que alimentaba esa rivalidad y nos decía “ya toca comer sanguche de pavo”. Hasta esa criollada estaba de la mano. Eran buenos partidos con Cristal, hasta creo que se corría más que ahora.
-¿A este equipo de la U le encuentras posibilidades del título?
Estoy entusiasmado con la estrella 27, no será fácil, pero confío en el equipo por todo lo que he visto. Cristal ha hecho las cosas muy bien. Creo que el campeón será el equipo que no pierda la concentración.
-¿Franco Navarro te ha hecho recordar mucho esa final?
En Cristal nadie pensaba ese desenlace. Franco siempre me hace acordar esa jugada. Ese año fue el que estuvo más cerca de ser campeón nacional como técnico. Hoy puede decir que es uno de los mejores técnicos que he tenido. Pero son cosas que pasan. Ese grupo humano del tricampeonato fue lo mejor que me pasó en la vida. Quedamos en el recuerdo de la gente.
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