Yesenia aún sangraba cuando dos policías entraron a su habitación del hospital. Tenía 24 años y había llegado con un aborto espontáneo, es decir, la pérdida natural e involuntaria del embarazo antes de la semana 20, sin una intervención médica o externa. Pero, en lugar de recibir atención, fue interrogada por oficiales de la policía que llegaron de forma rápida al centro de salud. Le dijeron que el legrado que le acababan de hacer también servía como prueba. Ella no entendía a qué se referían. No sabía que estaba siendo acusada de un delito.

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