El Índice de Innovación Ciudadana (IIC), elaborado por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) junto con Ipsos Perú, fue presentado este miércoles en la UPC, en el marco de los 30 años de Creatividad Empresarial, premio que reconoce y pone en valor la innovación en el país. El evento incluyó un espacio de discusión en el que participaron Jorge Bossio, director de Innovación Educativa e Internacionalidad de UPC-Laureate Perú, y Patricia Rojas, directora de Asuntos Públicos de Ipsos Perú. La conversación fue moderada por María Rosa Villalobos, editora de Economía y Día1 de El Comercio.
Durante la presentación se dieron a conocer los resultados del estudio, que recogió información de mil personas de entre 18 y 45 años de la población urbana conectada a nivel nacional. Según el índice, el 49% afirma que actúa frecuentemente para llevar una idea a la práctica, mientras que el 34% lo hace solo ocasionalmente y el 14% casi nunca. Los resultados mostraron, además, que el 33% ha tenido ideas que no ha podido implementar.
Por otro lado, el 88% considera importante aprender cosas nuevas para su desarrollo personal, el 79% cree que puede mejorar aspectos de su trabajo o comunidad y el 80% aprendió algo nuevo por iniciativa propia durante el último año. Casi ocho de cada diez también señalaron haber aplicado esos conocimientos en su vida personal o laboral.
“Los resultados muestran que el Perú no tiene un déficit de creatividad ni de ganas de aprender. Lo que tenemos es una brecha entre la capacidad de innovar y la posibilidad de convertir esa capacidad en acciones concretas. Por eso necesitamos una educación donde el aprendizaje ocurra enfrentando problemas reales, trabajando en proyectos aplicados y desarrollando soluciones para la sociedad. Innovar también se aprende haciendo”, señaló Bossio.
Además, aunque el 76% comparte con otras personas lo que aprende y el 70% propone mejoras en su trabajo o comunidad, solo el 56% participa de proyectos colaborativos.
“La innovación no puede entenderse como un acto individual. Se fortalece cuando las personas colaboran, intercambian conocimientos y encuentran espacios para desarrollar soluciones junto a otros. En ese proceso, las universidades tenemos un rol estratégico: conectar estudiantes, empresas, Estado y comunidades para convertir el aprendizaje en proyectos con impacto real para el país”, afirmó Bossio.
La investigación también identificó tres niveles de madurez innovadora: innovadores emergentes, en desarrollo y consolidados. Estos últimos se caracterizan por integrar con mayor éxito el aprendizaje, la colaboración y la aplicación de ideas y presentan una mayor presencia de educación superior, empleo formal y emprendimiento.