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Por supuesto. Todo modelo es perfectible, y el modelo de desarrollo peruano no tiene por qué ser la excepción. Pero antes hay que afinar el diagnóstico.
No hay que cambiar un modelo basado en el “afán de lucro”. Culpar al lucro de los “faenones” es una falacia malintencionada. La corrupción y la búsqueda de rentas de Odebrecht es solo una de las formas que adopta el lucro. Pero el fin de lucro también impulsa la innovación, el incremento de la productividad y la mejora de los estándares de vida. Necesitamos más y mejor lucro, no menos.
Tampoco hay que cambiar un modelo basado en la “derecha tecnocrática”. La tecnocracia -mucha de derecha, alguna de izquierda y una mayoría que ni siquiera repara en este debate- ha sido un motor fundamental de los avances de nuestro país. A pesar de los embates, de las reducciones de sueldos, de las infiltraciones, de los compromisos con el poder político, ciertamente, de algunas manzanas podridas. Sin tecnocracia no habría inflación de un solo dígito, balance fiscal, un sistema financiero sólido, acuerdos de libre comercio, programas sociales manejados profesionalmente y una revolución educativa que ojalá no haya quedado trunca. Necesitamos más y mejor tecnocracia, no menos.
No necesitamos cambiar las APP por una obra pública idealizada. La obra pública es corrupta desde los tiempos de Henry Meiggs y los ferrocarriles. Lo seguía siendo en las páginas de “Conversación en la Catedral” y en los informes parlamentarios sobre el tren eléctrico de García I. Las APP tienen una razón de ser: transfieren riesgos del Estado a los privados, ayudan a garantizar estándares de servicio y permiten financiar infraestructura más allá de la restricción presupuestaria del Estado. Necesitamos, cuando convengan, más y mejores APP, no menos.
¿Qué necesitamos cambiar de raíz? Los sistemas de control de la gestión pública y de inteligencia financiera, la administración de justicia y el sistema político. Hay harto trabajo para políticos y politólogos. Hay muchas piezas del modelo por cambiar. Mejor que no se distraigan persiguiendo molinos de viento.







