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Un bisoño Juan Parra del Riego, entonces de 19 años, se consagró poeta con su “Canto a Barranco”, manojo de poemas con los que se impuso en los primeros Juegos Florales del distrito realizados en 1913. La composición premiada constaba de doce sonetos, en los que el autor huancaíno idealizó diversos aspectos de la vida del balneario, según informaba El Comercio tras su premiación la noche del 26 de julio en el Cinema Teatro.
Un bisoño Juan Parra del Riego, entonces de 19 años, se consagró poeta con su “Canto a Barranco”, manojo de poemas con los que se impuso en los primeros Juegos Florales del distrito realizados en 1913. La composición premiada constaba de doce sonetos, en los que el autor huancaíno idealizó diversos aspectos de la vida del balneario, según informaba El Comercio tras su premiación la noche del 26 de julio en el Cinema Teatro.
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Entre aplausos, la reina de los juegos florales, acompañada de su corte, entregó una flor al poeta frente a una platea y graderías atestadas, y el alcalde Pedro de Osma aplaudiendo en el palco preferente. Y desde el estrado, el joven Parra del Riego declamó el siguiente soneto:
Yo he sentido al pasar por este puente
silencioso, propicio, ensoñador
cual si fuera pasando lentamente
la página de un libro evocador.
Muchas cosas de ensueño me ha contado
en un mudo lenguaje suspirante.
Me ha desenvuelto el lienzo del pasado,
de su pasado trágico y galante.
Un día fue romántico paseo
del dulce femenino secreteo;
otro, fue la tragedia de un “Don Juan”
y hoy que evoco sus penas y sus gozos
contemplándolo siento que se van
los suspiros haciéndose sollozos
El poema, dedicado al Puente de los Suspiros, puede leerse hoy en una placa de mármol colocada en el antiguo camino a los baños. Cuando el poeta habla del “femenino secreteo” se refiere, según la fuente periodística de época, al grupo de bellezas que desfilaba por allí las cálidas noches de verano. Pero aquellos versos nos sugieren también una tragedia: el referido “Don Juan” del poema sería un joven que, desesperado por un amor no correspondido, se quitó la vida lanzándose del balaustre.
“El puente de los suspiros debió su nombre a una tragedia que puso término a una honda amargura. Las gentes sencillas le tomaron miedo, asegurando que en las noches se escuchaban suspiros, como los que hicieron célebre al que une el Palacio de los Duques de Venecia con las famosas prisiones”, puede leerse en una nota de El Comercio de 1934. La comparación con el puente sobre el canal Orfano en Venecia fascinaba a los intelectuales limeños, inspirados por las supersticiones de la decadente ciudad italiana, con sus condenados a muerte atravesando el Puente de los Suspiros original. He allí la causa del más profundo (y para nada romántico) suspiro que bautizó al puente barranquino.
En la herida de una quebrada
El puente fue construido durante la alcaldía de Enrique García Monterroso, en 1876. Era una demanda del vecindario que, por entonces, se calculaba en unas 200 familias, y que terminaría con el aislamiento de un sector del barrio. Los dos extremos de la construcción unen la quebrada de los Olivos (tal era su primitivo nombre) y tras el fin de la obra, los parroquianos lo cruzaban para escuchar misa en la Iglesia de la Santísima Cruz o desfilar hacia Chorrillos por una alameda sembrada de ficus. En las dos bocas del puente, aspas giratorias impedían el paso de las mulas. La noche del 13 de enero de 1881, buena parte de Barranco fue destruido junto con la villa chorrillana ocupada por las tropas chilenas. Sin embargo, tanto la ermita como el puente se salvaron del fuego.

El Puente de Los Suspiros cierra por 180 días. Muchas han sido sus refacciones a lo largo de 150 años de historia. Ya a inicios del siglo pasado, las gestiones de los alcaldes Pedro Herouard, Juan Francisco Pazos Varela o Pedro de Osma incluyeron el remozamiento de la estructura original. En 1921, el alcalde Enrique de las Casas reconstruyó sus cimientos con una base de cemento y reemplazó sus maderos con Pitch Pine, un tipo de pino que se utiliza para mástiles de barcos por su resistencia al agua salada.

En 1931, el alcalde Ignacio A. Brandariz mandó arreglar sus barandales y darle apropiada iluminación, además de construir sus jardines adyacentes. Hoy, recostado sobre dos murallas, el rústico puente vuelve a someterse al tratamiento de restauración. Pedimos paciencia a los amantes: seis meses duran lo que un suspiro.
En 1967, en el disco “Doce nuevos valses de Chabuca Granda” aparece el tema “El puente de los suspiros”.
Olvidada la historia del suicida y los suspiros, aparecieron hipótesis vulgares para seducir turistas. La tradición de aguantar la respiración al cruzarlo es una de ellas.
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