En los últimos días, España permitió la salida de niños. La cuarentena nos debe hacer repensar en la necesidad y el rol social de espacios públicos como los parques.(Foto: CRISTINA QUICLER / AFP)
En los últimos días, España permitió la salida de niños. La cuarentena nos debe hacer repensar en la necesidad y el rol social de espacios públicos como los parques.(Foto: CRISTINA QUICLER / AFP)

La crisis sanitaria pondrá en valor el espacio público. Todos queremos salir de esta situación de aislamiento, y volver a tener contacto y relación con otros seres humanos. Sin embargo, el espacio donde siempre nos hemos relacionado necesitará una relectura en términos de ocupación y también en cuanto a hábitos. Por eso, se debe reinterpretar el espacio y repensarlo para estas nuevas dinámicas sociales, necesariamente vinculadas con los conceptos de economía circular, sostenibilidad, resiliencia y la búsqueda de lograr ciudades saludables que cuiden del medio ambiente y de las personas.

Retorno al barrio

Hoy es importante reflexionar sobre la calidad del espacio interior (la vivienda), pero también del espacio exterior, la conexión con la naturaleza, y la calidad de la luz y del aire.

Las personas necesitan sentirse seguras en sus hogares, y contar con territorios comunes para encontrarse con otros y escucharse mutuamente. Además, necesitan generar nuevos tejidos sociales y retomar algunos conceptos perdidos con la hiperglobalización: el barrio; el mismo que recobrará el valor de ser ese primer espacio de sociabilización, protección, formación y abastecimiento, reduciendo desplazamientos y reconectando a las personas.

El carril central de la Av. Brasil se convirtió en un espacio público. (Foto: Difusión)
El carril central de la Av. Brasil se convirtió en un espacio público. (Foto: Difusión)

Estos espacios de interacción permitirán generar condiciones de sociabilización que fomentarán y alentarán la gestación de una resiliencia social, tan necesaria en el escenario actual.

Si bien la arquitectura es una respuesta a las necesidades cambiantes de la sociedad, también tiene la capacidad de dar forma al comportamiento de las personas y condicionar las relaciones sociales. Y, en el caso de las emergencias, estas despiertan preguntas críticas y cuestionamientos sobre nuestra forma de vida, estructura social e interacciones.

Aunque esta pandemia del nuevo coronavirus aún está en desarrollo, ya las observaciones preliminares luego de este aislamiento permiten adelantar algunas situaciones inminentes, como la nueva relación con el espacio que habitamos, por ejemplo, que deberá generar nuevas maneras de organizar nuestras ciudades y viviendas.

Un antes y un después

El aislamiento de la población en sus viviendas debería suponer un antes y un después en la concepción de las viviendas. Hoy se hace imprescindible una reflexión sobre cómo estamos viviendo, preguntarnos por qué se han reducido los espacios comunes y de sociabilización a su mínima expresión, al igual que el área de los departamentos.

Las viviendas deben dejar de verse únicamente desde una lógica económica para priorizar sobre todo su calidad espacial y sus consecuencias sobre la salud de sus ocupantes, enfocándonos en el derecho de las personas de contar con un espacio digno, seguro y saludable, capaz de adaptarse a las nuevas condiciones de flexibilidad que la situación demanda (home office, teleducación, recreación, alojamiento temporal, aislamiento, entre otras).

El trabajo en casa o la teleducación son modalidades de trabajo y estudio que la nueva normalidad está extendiendo. La arquitectura deberá repensar los espacios de los hogares para la tranquilidad de sus integrantes.
El trabajo en casa o la teleducación son modalidades de trabajo y estudio que la nueva normalidad está extendiendo. La arquitectura deberá repensar los espacios de los hogares para la tranquilidad de sus integrantes.

Esto es lo que representa la misión de la arquitectura en estos nuevos tiempos: ya no se trata solo de mirar el futuro, sino que el hoy cobra una importancia relevante. El diseño debe considerar nuestras necesidades y nuestros derechos humanos, pero también el derecho del planeta y del legado que dejaremos a quienes vengan. Es hora de empezar a hablar del bien colectivo.