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En la industria de la música popular, una cosa son las canciones tal y como han sido escritas por los artistas y otra, a veces muy distinta, son las canciones tal y como llegan al público a través de los parlantes de su equipo de sonido. Eso supone que la canción pase por el estudio de grabación y se materialice en un disco.
Y el responsable de hacer que este proceso se realice de la mejor manera posible —es decir, de una forma satisfactoria para el artista, para la disquera y, por supuesto, para el público— es el productor, un personaje cuyo papel en la industria discográfica se ha vuelto cada vez más importante con el paso de los años.
El productor musical es, en efecto, un factor clave dentro del proceso de hacer un disco y, en tal sentido, su rol puede ser análogo al de un director cinematográfico. No solo porque es su responsabilidad decidir el modo en que el material que trae el artista puede ser arreglado, mejorado y, en general, potenciado, sino porque es de él que depende —en colaboración con el ingeniero y, a veces, el artista— el sonido final que tendrá el disco.
De hecho, durante la mezcla es el productor el que debe decidir dónde colocar cada pista en el espectro del estéreo. Una pista puede ser colocada en el parlante izquierdo o en el derecho solamente, o puede estar en el centro —lo cual la hace igualmente audible en ambos parlantes—, o puede ser posicionada ligeramente a la derecha o a la izquierda. El modo en que las pistas son colocadas determinará el sonido total, y el productor deberá sopesar cuidadosamente los efectos de cada decisión para alcanzar el resultado deseado.
Para resumir, puede decirse que él es responsable de darle forma al sonido que llegará a los oyentes que compren el disco. Como dice George Martin, el legendario productor de los Beatles: “En muchos sentidos, él es el diseñador, no en tanto que sea el creador de la música en sí misma, sino en tanto que la pone en escena y la presenta al mundo. Es su gusto lo que hace finalmente que sea percibida de una manera o de otra”.
Suyas son las decisiones a la hora de la mezcla, al destacar ciertos sonidos y dejar otros en un segundo plano. Suya también es la atribución de editar el material borrando y modificando lo que crea conveniente incluso, a veces, contra la opinión de los mismos músicos. Y es él quien determina, en muchos casos, qué canciones irán dentro del disco y cuáles serán descartadas.
Probablemente, el productor ideal sea aquel que es capaz de trasladar la música de un artista a un sonido grabado, es decir, de plasmar las ideas de los músicos que intervienen en la grabación o, como señalaba el sociólogo británico Simon Frith, de “hacer que los artistas consigan la música que pretenden hacer del mejor modo posible”.
No hay que olvidar, sin embargo, que, como afirmaba Steve Albini (productor de Nirvana, entre otras bandas), “nadie va a la tienda de discos a comprar el nuevo álbum del sello X, producido por el productor Y. La gente compra discos porque le gusta la música, y la música es hecha por los artistas. Los productores no debemos olvidar nuestro lugar. Nosotros no somos las estrellas”.
OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.









