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Resumen

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Ilustración del cartel de “El Retorno de Sherlock Holmes” (1929), con el actor Clive Brook como el legendario detective británico. (Foto: Getty Images)
Ilustración del cartel de “El Retorno de Sherlock Holmes” (1929), con el actor Clive Brook como el legendario detective británico. (Foto: Getty Images)
/ LMPC
Por Alonso Cueto

Todos somos detectives y criminales. Todos vivimos bajo la ley y al margen de ella. La novela policial, como etiqueta, tiene poco tiempo de existencia pero las historias policiales siempre fueron parte de nuestras vidas. Los autores de la Biblia concibieron el inicio de la humanidad como una novela policial. Hay unos personajes, un lugar, y una prohibición. Adán y Eva serán inocentes ante la ley hasta que coman la manzana del Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal. Entonces se volverán criminales. ¿Cuál es la causa de su perdición? Pues la curiosidad, ese antiguo defecto y gran virtud del género humano. Dios es el supremo detective. No necesita investigar nada. Su ventaja es que está en todas partes y lo ve todo. Es detective, testigo, policía y juez. La serpiente es la autora intelectual del delito. Si la historia de Adán y Eva es la primera historia policial, la de Caín y Abel es la primera crónica roja. ¿Por qué tuvieron que odiarse? ¿Es cierto que fue por envidia? Una amiga escritora me dijo alguna vez que sospechaba que había una mujer involucrada en la historia de los dos hermanos.

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