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Daniel Giannoni: “Es para todo el mundo, y es gratis”

Acaba de lanzar, con el MALI, un Archivo Digital de Arte Peruano (www.archi.pe) con más de 10.000 imágenes.

Daniel Giannoni: “Es para todo el mundo, y es gratis”

Daniel Giannoni: “Es para todo el mundo, y es gratis”

Llegó a la fotografía por azar, mientras estudiaba Filosofía en la PUCP. Eran mediados de los setenta, y Daniel Giannoni conoció en los patios de la universidad a un muchacho que por entonces se iniciaba en la historia del arte. Su nombre era Luis Eduardo Wuffarden. Se hicieron amigos, le contó su afición por la fotografía, y un buen día este lo invitó a fotografiar unas pinturas para una publicación. Entonces su vida cambió para siempre. Cuarenta años después, Daniel está sentado en una de las salas del Museo de Arte de Lima. “Debo tener unas doscientas mil imágenes de arte peruano”, me dice con naturalidad, como quien cuenta un hecho cotidiano. Está satisfecho. Acaba de lanzar un archivo digital de libre acceso y siente que está salvando “de la muerte” a muchas de sus imágenes

Muchos pueden pensar que fotografiar un cuadro es fácil, sin embargo es como si se tratara de reproducir un arte desde otro arte, ¿cómo lo ves tú?    
Yo coincido en esa apreciación. El arte te pone una valla por sí mismo y tú sientes la obligación de estar a la altura. Es así de simple. De pronto si tienes que fotografiar una taza lo debes hacer bien pero si tienes que fotografiar una pintura de José Sabogal o de Daniel Hernández tú sabes que tienes que producir un efecto lo más cercano posible al original y hay una gran responsabilidad en ello. Una mala foto puede hacerle mucho daño a una gran pieza.

Estudiaste y fuiste profesor de Filosofía, por eso algunos te han llamado “el filósofo de la imagen”, no sé si el término sea muy feliz…
No, es totalmente infeliz. Yo respeto demasiado los dos campos. Para mí la filosofía es un reino absolutamente sublime, y el nombre de filósofo yo preferiría no ostentarlo porque lo reservo para muy pocas personalidades en la historia. Igualmente, creo que la fotografía, si es buena —y va por ese lado la crítica a esta frase—, no necesita ningún añadido. Particularmente, soy enemigo de todas esas obras que necesitan una explicación conceptual para ser entendidas. Por eso quisiera que digan que mis fotos están bien hechas y nada más.

Pero sí te consideras un fotógrafo profesional…
Totalmente. En primer lugar vivo de esto hace ya casi 30 años. Es mi única fuente de ingreso, y yo no me explico la fortuna que he tenido en mi carrera, pues jamás he invertido nada en publicidad. A todos los lugares que he llegado ha sido porque he cumplido con los estándares que se espera de un profesional.

¿Cuál ha sido el trabajo más difícil que has realizado?
Fue uno ubicado en la capilla de Nuestra Señora de la Soledad, al costado de San Francisco. Eran, en realidad, dos cuadros gemelos de unos seis metros de largo por unos ochenta centímetros de alto. Cuadros muy horizontales. Se llamaban “Las procesiones en Semana Santa” y reunían todas las condiciones para hacer difícil una reproducción: en primer lugar el tamaño, en segundo lugar el formato, en tercer lugar el sitio donde estaban, con poco espacio para moverse; además, eran muy oscuros, al estilo del siglo XVII, y tenían una capa de barniz que producía brillo. Encima estaban destemplados. A quienes digan que es fácil fotografiar obras de arte, yo los invitaría a retratar estos cuadros con una película. Demoré dos días y no quería salir del  lugar sin hacer bien la foto.

¿Hay algún artista que te ha dicho que tu fotografía le gusta más que su pintura?
Sí. Varias veces me han hecho ese comentario por una situación que no depende solo de mí, no es que yo haya hecho la magia, sino porque hay un fenómeno llamado fotogenia. ¿Qué significa eso? Que alguien o algo tienen determinados rasgos que son felices para el registro en dos dimensiones. Muchas veces, escultores, pintores, me han dicho “después de ver tu foto, estoy feliz con mi obra” (risas).

¿Cuéntanos sobre el convenio con el Museo de Arte de Lima?
Es la historia de una feliz coincidencia. Me siento contento de haberme asociado con gente, a la que considero amiga, personas honestas y rectas, porque mi gran temor era dejar mi única herencia de trabajo, que es mi archivo, en manos inadecuadas. Hemos firmado un convenio por un tiempo definido pero mi intención es renovarlo sucesivamente. Es más, cuando la digitalización concluya, pienso traer aquí todo mi material, tanto discos duros, transparencias, negativos… Creo que estoy actuando en un momento crucial porque ya estoy comprobando lo que todos los especialistas me advirtieron, no hay pigmento estable. Por eso sentía la urgencia de hacer algo con mis fotos más antiguas, a las que estoy, literalmente, salvando de la muerte.

Entre esas imágenes que “salvas de la muerte” ¿cuáles recuerdas?
Por ejemplo, la de la iglesia de los jesuitas, en Pisco. Era una iglesia linda, de estilo barroco y color amarillo. Verla en ese momento, cuando la fotografié al inicio de mi carrera, me causó una sensación de fugacidad porque ya estaba comenzando a deteriorarse. Luego vino el terremoto y no quedó piedra sobre piedra. Es una bendición que yo la pueda tener registrada.

Entonces la gente tendrá acceso a estas imágenes, las podrá mirar, descargar…
El corazón de este proyecto es difundir el arte peruano a través de Internet, vale decir para todos y gratis. Así de simple y así de grandioso. Se podrán descargar en tamaños pequeños; ahora, si alguien quiere mejores resoluciones para uso comercial, tendrá que pagar como sucede en cualquier banco de imágenes. Pero cualquier alumno en una escuela rural puede ir a una cabina de Internet y tener todo el arte peruano a su alcance. En una etapa inicial hemos subido diez mil imágenes, pero sueño que en dos años esté el archivo completo.

¿Qué recomendarías a alguien que se inicie la fotografía de arte?
Lo primero es una recomendación de carácter. Cuando comencé este tipo de trabajo, yo no imagine que fuera tan importante la paciencia. El fotógrafo de arte no puede estar apurado. Tiene que entrar a su espacio de trabajo con la sensación de que el tiempo se ha detenido y que la única tarea es ser fiel a lo que tiene enfrente. Yo tengo una empresa llamada Mimesis, y considero que esa es una palabra clave. El mimetismo consiste en romper o atenuar la diferencia entre lo que te rodea y tú, y esa es la idea que se debe tener al fotografiar arte: integrarte a lo que está delante de ti. 

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