El presidente Billinghurst  alertado por zancudos del acecho de sus enemigos en el Congreso, en 1913. (Foto: "El Zancudo", n.° 19 (21 de junio de 1913) / BNP)
El presidente Billinghurst alertado por zancudos del acecho de sus enemigos en el Congreso, en 1913. (Foto: "El Zancudo", n.° 19 (21 de junio de 1913) / BNP)
Por Juan Luis Orrego

Si debemos aprender una lección histórica, esta sería que los enfrentamientos entre los poderes Ejecutivo y Legislativo en el Perú nunca terminaron bien. O, dicho de otra manera, no fueron el presagio de tiempos mejores. En la coyuntura actual, la crisis se ha adormecido con un indulto que ha dividido al país y ha generado más enfrentamientos que reconciliaciones, pero en el pasado las cosas se resolvieron de otra manera: los golpes militares o, peor aun, los magnicidios fueron la respuesta a esas coyunturas difíciles, a esos no pocos momentos en que la política peruana se convulsionó hasta límites insostenibles.

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