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Dalia Durán ya no quiere hablar. Ha decidido no recordar más para empezar a sanar. Así lo ha colocado en sus redes sociales. Sanar no solo de los golpes que denunció haber recibido por parte de su expareja Jonathan Sarmiento (conocido como John Kelvin), sino de todo el proceso desgastante que sufren las víctimas de violencia. Ha reconocido que ha estado a punto de renunciar a la denuncia, pero ha entendido que si no sigue adelante no alcanzará justicia.
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“Al menos, Dalia ha podido salvarse a tiempo”, dice Magali Aguilar, madre de Sheyla Torres, una joven de 19 años que fue asesinada por su expareja en el 2018.
Tres años y cuatro meses después del feminicidio de su hija, Magali dice que se ha encontrado con un sistema de justicia que no solo es lento, sino revictimizador y agobiante para los familiares de las mujeres asesinadas y para las víctimas que se atreven a denunciar las agresiones.
“Es feo cuando las autoridades te dan la espalda. Estás con todo tu dolor y tienes que ir a que te esté revictimizando cada operador de justicia. Tenemos que hacer plantones para que recién hagan algo. Lamentablemente, hay casos que llevan años y que no tienen sentencia o no encuentran al asesino”, cuenta Magali, quien ha fundado el colectivo Juntos por Justicia para darle voz a las mujeres que no son escuchadas por las autoridades.
Pese a que el asesino de su hija, Romario Aco, ha confesado que la degolló, ha recibido una sentencia de apenas 15 años de prisión. Por eso, Magali no deja de protestar. Siente que ha habido negligencia en su caso y que el asesinato de su hija está quedando impune. “Para mí esto es una burla”, lamenta.
Vivir con miedo
Ha pasado apenas una semana y Mariela –así la llamaremos para preservar su identidad– no ha podido salir de su casa. El miedo la agobia. A sus 20 años ha sentido el dolor físico y emocional de ser una víctima de violencia de género.
Después de cinco años, decidió terminar su relación de pareja porque era infeliz. Solo bastó decírselo a su expareja para que a los pocos minutos tuviera sus manos rodeando su cuello. La abofeteó, la empujó contra la pared e intentó ahorcarla. Segundos después le pedía perdón y le decía que la amaba.
“Antes, me había sido infiel, pero me dijo para intentarlo de nuevo y acepté porque me aseguró que iba a cambiar. Cuando decidí separarme, fui a buscar mis cosas a su casa y ahí me cogió del cuello y me tiró a la cama y luego me abrazó. Me quedé aterrada”, cuenta.
Pese al pánico, decidió denunciarlo por la agresión ante la policía. Luego de pegarle, él la amenazó; por eso solicitó medidas de protección.
“Me recibieron la denuncia, pero se demoraron mucho en ir a buscarlo. Mis pertenencias se quedaron en su casa. La policía fue una vez; como no les abrió, no volvieron. Se supone que tenían 48 horas para cogerlo. Desde ese día tengo mucho miedo. Cuando veo a una persona que se parece a él, me aterro”, dice.
La misma angustia siente Verónica. Incluso ha tenido que mudarse junto a sus 5 hijos a un lugar lejos de su expareja, Gengir Morales. Él fue acusado de violar a una de las hijas de Verónica de apenas 10 años.
Luego de tener una relación de pareja de dos años junto a él, Verónica decidió terminar el vínculo al darse cuenta de que él maltrataba a sus hijos. Sin embargo, el daño que el sujeto había causado en los menores era peor.
Verónica se enteró a través de un comentario que su pequeña hizo en las redes sociales que su expareja había abusado de ella. Los exámenes del médico legista confirmaron el abuso.
“Hasta hoy se niega. Lo denuncié y recién este año se logró la prisión preventiva para él. Sin embargo, él se ha fugado. Ahora vivimos acosadas por su familia”, cuenta.
Al igual que la mayoría de víctimas, Verónica espera que el agresor sea detenido pronto para que su hija pueda recuperar algo de paz.
¿Dónde denunciar?
De ser testigos o víctimas de violencia es fundamental denunciar y buscar ayuda especializada, ser indiferentes es parte del problema. Lo que se sugiere es llamar de inmediato a la policía. En caso que la víctima sea un familiar, amiga o conocida se aconseja ofrecerle apoyo y seguridad para que denuncie.
Otro de los canales son los Centros de Emergencia Mujer (CEM). Estos son servicios públicos especializados y gratuitos para víctimas de violencia familiar y sexual.
También está habilitada la Línea 100, servicio telefónico gratuito a nivel nacional especializado en brindar información, orientación y soporte a las víctimas de violencia o maltrato. Se puede acceder marcado el 100 desde cualquier teléfono fijo, público o celular durante las 24 horas del día.
El Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables tiene habilitado además, un servicio de chat para prevenir situaciones de riesgo y violencia física, sexual o psicológica. Se debe entrar desde cualquier dispositivo con internet a www.mimp.gob.pe/chat100
Las fiscalías especializadas en violencia contra la mujer cuentan con la línea gratuita 0800-00205 para recibir denuncias desde todo el país.
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