Ulla Holmquist, directora del Museo Larco, habla de la sala de erotismo prehispánico
Ulla Holmquist, directora del Museo Larco, habla de la sala de erotismo prehispánico
Por Enrique Planas

Se llamaba la Sala Erótica del Museo Larco, pero también podríamos llamarla “la galería de las risas nerviosas”. En setenta años, miles de visitantes han recorrido sus estrechos pasadizos y colmadas vitrinas compartiendo diversas emociones. Sorpresa, humor, turbación. Y en todo ese tiempo, pocos cambios hubo desde que don Rafael Larco Hoyle instalara este espacio complementario al museo, al otro lado del jardín. Era una sala pequeña, con todas las piezas que tenían alusión a actividad sexual o representación de órganos sexuales, según una clasificación de cuatro tipos que él había planteado en su libro “Checán” (1966), a saber: ceramios “realistas”, donde el acto del coito era reconocible; “humorísticos”, con penes y vaginas antropomorfizadas; “moralizadoras”, en los que cadavéres se unían carnalmente a los vivos y “mitológicas”, donde se advertía una representación mitológica o ritual.

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