Enrique Planas

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Ha hecho un duelo de una semana antes de hablar con la prensa. La muerte de su padre, el reconocido político, sociólogo, periodista y profesor universitario Rafael Roncagliolo, coincide terriblemente con el lanzamiento de su más reciente novela “Y líbranos del mal” (Seix Barral), en la cual, un hijo busca saber la verdad sobre su padre. En realidad, gran parte de las novelas del escritor limeño están pobladas por padres e hijos en permanente desencuentro. E imposible no hablar sobre eso. Le pido al escritor (y buen amigo) si no resulta una impertinencia abordar el tema y Santiago no pierde la sonrisa. “Hemos descansado toda una semana. Si preguntan, puedo responder tranquilamente”, me responde.

En tu literatura abundan los padres y los hijos. Escribes sobre las relaciones complejas entre ambos y la imposibilidad de comunicarse. ¿Cuán importante ha sido tu padre como referente de tu literatura?

Hay muchos escritores que dedican un libro a la historia de su padre, más que escritoras hablando de sus madres. Pienso en Phillip Roth, en Marco Giralt Torrente, en Renato (Cisneros). La cantidad de libros de escritores sobre sus padres es muy impresionante, porque creo que son las personas que te enseñan a ser un hombre, te dan los modelos con los que te conviertes en hombre. Pero eso lo descubres cuando eres mayor, cuando empiezas a verte las canas y te das cuenta que tienes muchas cosas de tu padre. Es entonces cuando empiezas a reconciliarte con su figura. Mi padre, sobre todo, fue un obsesivo de la lectura. Siempre había muchos libros en casa y mucha presión para que los leas. Y a la vez era una casa en la que se hablaba mucho de temas políticos, de temas sociales, porque él y sus amigos los traían a la mesa. “Y líbranos del mal” no deja de ser una novela que habla sobre los problemas sociales del Perú. De hecho, habla de la desigualdad. La gente que forma parte de una congregación como la que aparece en la novela, sea en el Perú u otro país, siempre es de una clase muy alta. Gente que viene ya segregada, que vive en un pequeño mundo de secretos tribales y familias muy conservadoras. Por mis novelas la gente cree que soy más político de lo que soy. En realidad, soy más bien un tipo lleno de dudas a quien le molesta ser demasiado panfletario. Sin embargo, en mis libros hay una mirada sobre la sociedad peruana, y sin duda eso tiene que ver con provenir de una familia muy política, que hacía análisis político en el desayuno.


Muchos son los escritores que han escrito sobre sus padres, en efecto, pero tú nunca has escrito sobre tu propio padre. Más bien la paternidad es un concepto en tus novelas.

Cuando publique mi primer libro de cuentos, mi padre lo leyó y me dijo: “los padres en este libro son horribles” (ríe). Y yo le dije, “Sí, pero no son tú. Este es un libro de ficción”. Y él respondió: “Sé que no soy yo, pero cómo van a saberlo los lectores?”. Y de hecho, había cosas reales. Muchos de esos personajes estaban construidos con cosas suyas. En general, sobre todo en mis primeros libros, todas las relaciones con la realidad en mis novelas producían en casa conflictos, guerras, desastres, censuras, choques brutales. Por eso, después de escribir tres libros de no ficción, empecé a sentir ganas de inventar historias, de llevar a los lectores a mundos que no existen, más por una cuestión de sobrevivencia que por otra cosa. Quería dejar de lidiar guerras contra todo lo que me rodeaba: mi padre, mi trabajo, mi país. A partir de “Tan cerca de la vida”, empecé a buscar otra manera de hacer las cosas, una exploración que viniese más de la imaginación, que no dejase de explorar a los personajes, pero que me protegiese detrás de un muro de ficción. Aquella vez, mi padre dijo: “Por lo menos Vargas Llosa antes de fastidiar a su padre, esperó a que se muriera”. Ahora que él ha fallecido, no creo que vuelva a fastidiarlo.

Portada de "Y líbranos del mal", lanzada por Seix Barral desde México para América Latina. En los próximos días será lanzada en España.
Portada de "Y líbranos del mal", lanzada por Seix Barral desde México para América Latina. En los próximos días será lanzada en España.

¿Cómo podrías definir su ausencia?

La reacción a la muerte de papá ha sido masivamente cariñosa. Tanta gente, tantas instituciones, embajadas, universidades, personas, amigos se comunicaron conmigo que no me han dejado sentir la tristeza normal. Al contrario, ha sido muy bonito ver que él dejó una huella de afectos alrededor suyo. Y todo ese reconocimiento por, simplemente, ser una persona fiel a sus ideas, fue un político que no robó. Cosas que deberían ser muy básicas, pero que la gente reconoce y admira en él. Mi sensación por su fallecimiento es más bien de extrañeza, es como manejar un carro con el volante a la derecha. Puedes hacerlo, pero hay algo que ha cambiado de sitio y no terminas de sentirte cómodo con aquello que no puedes resolver todavía.

Para Roncagliolo, el temprano apoyo de Vargas Llosa a la candidatura de Keiko Fujimori fue una decisión precipitada.  (Foto Xavier Torres Bacchetta)
Para Roncagliolo, el temprano apoyo de Vargas Llosa a la candidatura de Keiko Fujimori fue una decisión precipitada. (Foto Xavier Torres Bacchetta)

La ciudad y los monstruos

“Líbranos del Mal” es una novela que hace resonar un eco extraño en el lector local. Los peruanos conocemos bien lo que inspira tu historia y, sin embargo, su narrador nos atrae: un joven extranjero de 18 años que percibe todo desde la más profunda inocencia. Incluso su peruanidad es una promesa. Su mirada nos permite ver las cosas como si las descubriéramos por primera vez: el clasismo, el racismo, la desigualdad, la fealdad de nuestra ciudad.

De hecho, el personaje no sabe nada del país, no tiene otro vínculo con el Perú que su abuela. La novela nació justamente por ese narrador, alguien que existe de verdad. No sé su nombre ni lo quiero saber, pues no sé cómo será su vida, pero el caso es que en todas las conversaciones que tuve con gente cercana al Sodalicio, siempre aparecía el tema de que uno de los depredadores más peligrosos y recordados por sus víctimas logró escapar del Perú antes de que el caso estallase y tuvo un hijo en Estados Unidos. Algo que me atraía poderosamente fue preguntarme qué sabía ese hijo de su padre, si sabrá realmente quién es él. Nunca investigué a ese hijo, ni siquiera quisiera decir su nombre y que él se sienta apelado, pues no sé cuál será su vida. Pero lo que motivó esta ficción fue imaginar un hijo que no sabe nada de su padre, que ha vivido con un hombre al que no conoce. Y de repente, tienes que hacerte mayor y descubres que era un monstruo. Me parecía algo muy poderoso dramáticamente hablando. Al descubrirlo, también sabes que pudo ser un monstruo por cosas que ocurrían en la sociedad peruana y que siguen ocurriendo por los silencios, las desigualdades, el comportamiento del gueto. Ese hijo era el único narrador que podía descubrirlo todo como si no lo conociese, y a la vez tener su vida pendiente de eso.

Hablando de la palabra “monstruo”, “Y líbranos del mal” muestra cómo se gestan y desarrollan aquellos personajes que nos horrorizan. Podemos leer las denuncias publicadas en la prensa sobre Luis Fernando Figari y el Sodalicio, pero muchas veces es la ficción lo que nos permite entender cómo nace la maldad...

Siempre en mis novelas negras me interesan más los victimarios que las víctimas. A las víctimas es fácil comprenderlas, los que te plantean un reto son los victimarios. Es fácil empatizar con el sufrimiento del débil, aquel que ha sido atacado por alguien más fuerte, pero es más difícil saber por qué ese alguien más fuerte se comporta de esa manera. Alguna vez él también fue una persona débil, pequeña, frágil. Esta exploración del mal es un leitmotiv en mi trabajo: qué es lo que hace que la gente buena se vuelva atroz, cruel, brutal. En efecto, la novela llega donde el periodismo no puede, porque nadie te lo va a contar. Puedes entrevistar a las víctimas dispuestas a hablar, pero los victimarios no quieren confesar. Y si lo hacen, muy probablemente te mentirían. Solo puedes alcanzar a entenderlo mediante la ficción, el esfuerzo de inventar la información que no se alcanza a saber. Centrarnos en las víctimas está muy bien, pero terminamos aceptado la imagen de una jauría de bestias depredando a inocentes corderos. En efecto, la pederastia ocurrió, pero también ocurrió, según la información que fui recogiendo, sexo entre hombres y mujeres, sexo entre hombres adultos del mismo rango, gente que dejó la congregación y que tuvo familia e hijos, gente que decidió tener parejas de su mismo sexo, gente que no se había dado cuenta de que tuvo sexo al interior del grupo. En el excelente libro de Pedro Salinas y Paola Ugaz se muestra cómo, para muchos, el sexo era una especie de “ejercicio espiritual”. Algunos de sus miembros, cuando terminaron su experiencia en la congregación y tuvieron una pareja, descubrieron recién que eso que habían tenido era sexo. Me interesaba investigar para esta novela justamente esos cabos sueltos que el periodismo no puede seguir. Todas estas anomalías, cosas raras de la complejidad sexual en un entorno donde el sexo era de lo único sobre lo que no podía hablarse. Entender cómo era la sexualidad en un mundo donde el sexo está prohibido.

¿Y cómo se construye el monstruo? ¿Cómo florece la masculinidad tóxica en el ambiente de la clase alta limeña?

Creo que la clase alta peruana, así como en todas las clases altas donde hay desigualdad, viven muy aisladas. Se construye una barrera a su alrededor para protegerse, la cual también los aísla. Eso provoca que ser diferente sea mucho más difícil que en la clase media, por ejemplo, más relajada. Las clases altas, más conservadoras, también tienen más tabúes. Pero además del tema de clase y del aislamiento social, tiene que ver con cómo funcionan las sectas. Y a mí me interesan mucho las sectas: Sendero era tan secta como los sodálites: un grupo cerrado que cree que va a salvar al mundo y que rompe todos los vínculos con ese mundo para controlar a sus miembros hasta perder la línea divisoria entre el bien y el mal. Pero hay otro elemento escogido por los pederastas en general, aunque no sean religiosos: chicos sin padre o cuyo vínculo paterno es débil, borroso o violento. Es algo que ocurría en todos los casos que he conocido: víctimas sin padre o que éstos habían perdido su lugar en la sociedad o que estaban enfermos, o que eran alcohólicos. Los pedófilos detectan a la víctima ideal para colocarse en el lugar de sus padres. Así seleccionan estos grupos a la gente para controlarla. Los que han denunciado al Sodalicio revelan no solo cómo cortaron el vínculo con sus padres, sino que les desaparecieron las cartas, les borraron cualquier posibilidad de contacto con el mundo exterior. Eso les permite reprogramar a los chicos y eso es también lo que los hace frágiles y vulnerables. Se sienten inseguros entrando a la adultez, no saben qué es lo que deberían ser. De pronto viene un señor a decirles cómo deberían ser y actuar, y los va conduciendo hacia su guarida.

¿Crees que el funcionamiento de una secta básicamente es el mismo?

No las conozco todas, pero las sectas reciben a todos aquellos que sienten la necesidad de formar parte de un grupo. Y además les dan una misión, un sentido. En los grupos religiosos de todos los países que tuvieron estos casos, los chicos se sentían mejores, diferentes a los demás. Y así funciona: a estos chicos los subliman diciéndoles que son mejores, que forman parte de una élite. Y les dan un lugar en ese “ejército” del que van a formar parte. Y vas destruyendo su conciencia del mundo exterior. Vas haciendo que ese grupo que cree que sus normas propias son mejores que las del mundo, incluso si estas normas fueran retorcidas y atroces.

El futuro con compromisos

“Y líbranos del Mal” la leo también como un homenaje al trabajo de la periodista Paola Ugaz, quien está en los agradecimientos al final del libro. ¿Crees que esta novela podría ayudar a generar una segunda ola que apoye su denuncia?

Yo creo que el libro de Pedro Salinas y Paola Ugaz (Mitad monjes, mitad soldados) ya es la denuncia. Esta novela no es una denuncia, no te va a contar una revelación nueva sobre lo que ellos ya han denunciado. Pero sí me gustaría que sirviese para mantener vivo el tema. Por ejemplo, alertar sobre el acoso que sufre gente como Paola y otros periodistas, como João Paulo Cuenca en Brasil. Los grupos religiosos ultraconservadores, sean católicos o evangélicos, en muchos países de América Latina están haciendo denuncias para destruir sus vidas. Denuncias absurdas, pero que te desbancan si eres un periodista que no puede seguir pagando los tramites judiciales ni pueden seguir escribiendo porque tienen que dedicar todo su tiempo a defenderse. En este momento, ya no solo está en juego el juicio a la pederastia en sí, sino la propia libertad de expresión. Grupos que acosan y silencian a sus víctimas también quieren acosar y silenciar a los periodistas. Y eso es algo que terminará afectándonos a todos los que escribimos historias, sean reales o ficticias, si lo dejamos pasar.

A propósito de peligros futuros... ¿Ya tienes tu voto decidido?

No. ¡Que pesadilla! Seguramente lo decidiré el mismo día de las elecciones. Suelo hacer público mi voto, pero esta vez ni siquiera quiero comentarlo fuera de un círculo íntimo. Porque diga lo que diga, me parecerá horrible. Vendrá alguien a decirme que no debería hacerlo, ¡Y tendrá toda la razón! ¡Es una situación muy rara!

¿Qué te ha parecido el temprano respaldo de Vargas Llosa a Keiko?

Precipitado. Para mí, la reacción más importante que ha surgido es la proclama ciudadana para que ambos candidatos asuman compromisos democráticos y se comprometan con las libertades civiles y la institucionalidad democrática. En ese momento no me siento capaz de pedir el voto para ninguno. Pero sí me parece importante pedirles que nos aseguren de que no van a reventar el sistema electoral y judicial, por ejemplo. Eso es algo en los que ambos deberían comprometerse.


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