Detalle del cuadro "Matrimonios de Martín de Loyola con Beatriz Ñusta y de Juan de Borja con Lorenza Ñusta de Loyola"
Detalle del cuadro "Matrimonios de Martín de Loyola con Beatriz Ñusta y de Juan de Borja con Lorenza Ñusta de Loyola"
Enrique Planas

El escenario parece el de un teatro barroco: doña Beatriz Ñusta contrae matrimonio con el capitán Martín de Loyola, y al lado, la hija de ambos, Lorenza Ñusta, hace lo mismo con don Juan de Borja. Esta pintura cusqueña fechada en 1718, reúne personajes que no necesariamente se conocieron entre ellos. Dos santos de la Compañía de Jesús aparecen al centro de la composición, bendiciendo ambos matrimonios de conveniencia que entroncaron incas con jesuitas.

"Matrimonios de Martín de Loyola con Beatriz Ñusta y de Juan de Borja con Lorenza Ñusta de Loyola", pintura cusqueña de inicios del siglo XVIII.
"Matrimonios de Martín de Loyola con Beatriz Ñusta y de Juan de Borja con Lorenza Ñusta de Loyola", pintura cusqueña de inicios del siglo XVIII.

Para el historiador Ramón Mujica, miembro del comité consultivo del Museo de Osma, se trata de una bella falsificación histórica, una reconstrucción de la memoria realizada por todas las ordenes religiosas y por los jesuitas con sofisticada maestría. En efecto, más allá del rigor histórico, el cuadro busca colocar a la Compañía de Jesús en un rol protagónico, asociada íntimamente a la dinastía inca. “Desde el punto de vista histórico, se trata de una fabricación, una recreación de la memoria histórica. Sin embargo, lo extraordinario de la composición es su profundo tenor americanista”, señala el experto. En efecto, resulta inédito que las catedrales del Cusco y de Madrid compartan espacio simultáneamente, no importa que la primera boda ocurriera en la capital inca en 1572 y el segundo enlace en 1611, en la península. “Al equiparar a las dos cortes a través de estos matrimonios, lo que están mostrándote es la unificación de dos pueblos, de dos tradiciones, de dos destinos. Hay todo un trasfondo político y colonial fascinante en estas pinturas. Y por eso es que se hicieron tantas copias y las colocaron en lugares estratégicos”, explica Mujica.

Pedro Pablo Alayza, director del Museo de Osma y Ramón Mujica, historiador y antropólogo, analizan los estudios del Museo de El Prado.
Pedro Pablo Alayza, director del Museo de Osma y Ramón Mujica, historiador y antropólogo, analizan los estudios del Museo de El Prado.

—Detrás de una boda—
Una de las iniciativas más importantes alrededor de la presencia del Perú en la feria ARCOmadrid, en febrero, fue exponer este cuadro, parte de la colección del Museo de Osma, a una sala privilegiada del Museo del Prado. Una muestra que despertó un inusitado interés internacional, recogido incluso por medios como el “New York Times”. Por fin, la pinacoteca española reconocía el valor histórico y estético del arte realizado en los virreinatos americanos, apertura que el Museo del Prado no había manifestado en décadas.

El cuadro regresó recientemente a su lugar en el museo barranquino, acompañado por una serie de estudios realizados en los laboratorios especializados de la pinacoteca madrileña. El análisis radiográfico y ultrarrojo nos permite ver el cuadro bajo una nueva luz. Para Mujica, los resultados que arroja este estudio científico resulta extraordinario para conocer la historia del mismo cuadro. Tanto las desapariciones como los añadidos suscitan una serie de interrogantes. Lo más notorio en la observación de la imagen bajo rayos X e infrarrojos tiene que ver con la curiosa técnica del artista anónimo para pintar los cuerpos y aplicar luego las vestimentas, así como el traslado de algunos personajes y la posterior introducción de un torreón para identificar a la ciudad del Cusco. Como nos recuerda Mujica, el torreón se convirtió en la divisa heráldica dada por Carlos V en 1540 a esta ciudad, simbolizando la toma española de la fortaleza de Sacsayhuamán. “De alguna manera, que aparezca en el cuadro el torreón frente a la fachada de la iglesia de los jesuitas significa que estamos hablando de una nobleza inca sometida ya al imperio”, afirma el ex director de la Biblioteca Nacional.

Sin embargo, quizás el enigma más interesante que arrojaron los estudios es la eliminación de personajes en el extremo inferior izquierdo del cuadro y el deliberado rasgado de la cartela que los acompaña, todo ello cubierto por groseros brochazos. Como sucede tradicionalmente con otros cuadros de la tradición cusqueña, podría tratarse de los donantes responsables de la ejecución de la obra. ¿Por qué eliminarlos de la composición? Para Mujica, es una investigación que debe hacerse a fondo, pues aún no hay conclusiones sobre las implicancias de estos estudios científicos. “La orden jesuita fue expulsada de América en 1767. Seguramente para inicios del siglo XVIII, cuando se había realizado este cuadro, ya había alguna animadversión hacia esta congregación”. Con su expulsión, a los jesuitas se les confiscaron sus bienes y se llegó a condenar con pena de muerte a cualquiera que conservara un retrato de San Ignacio de Loyola. Quizás el propietario de este cuadro creyó peligroso vincularse con estos donantes.

La pintura cusqueña vista con rayos infrarrojos.
La pintura cusqueña vista con rayos infrarrojos.

Por cierto, si el arte de iconografía jesuita pervive hasta hoy es porque fue conservado por diferentes congregaciones religiosas. “Los jesuitas eran muy brillantes. No solo propiciaron cofradías, sino también congregaciones religiosas que se encargaban del culto, pues ellos se limitaban a dar la instrucción religiosa. Así, los retablos, los altares y toda la imaginería religiosa fue financiada por las congregaciones. Por ello, cuando les expropiaron sus bienes, no pudieron hacer lo mismo con los bienes de las cofradías religiosas, al argumentar que aquel patrimonio les pertenecía a ellos, y no a la Compañía de Jesús”, explica Mujica. “Es un gran misterio por resolver”, añade el especialista, quien disertará sobre estos hallazgos dentro del ciclo de conferencias magistrales sobre arte virreinal que el museo organizará en julio próximo. La segunda edición de las Mesas de Osma se enfocará, justamente, en la presencia e importancia de la orden jesuita en el arte virreinal de América. Por su parte, el museo procederá a profundizar sus investigaciones y realizar calas físicas en la pintura y para redescubrir la identidad de estas presencias ocultas.

Las piernas de la realeza incaica
Si observamos las faldas de los incas, podemos darnos cuenta de que en el infrarrojo las piernas de los personajes se encuentran descubiertas. Es notoria la transparencia de la tela sobre las piernas y el boceto. En los rayos X, las piernas tienen una coloración blanquecina.

El torreón añadido
La representación del torreón, símbolo de la ciudad del Cusco, no se observa en los rayos X. Esto indicaría que fue colocada posteriormente en la imagen. Para el caso de los personajes cercanos, los rayos X indican que la técnica utilizada fue menos densa al retratarlos.

Los donantes misteriosos
En el estudio con infrarrojo (capaz de atravesar la pintura para reconocer las capas iniciales o intermedias de ejecución) puede verse a personajes (posiblemente donantes) y una posible cartela, seriamente dañada, ocultos por una tosca capa de pintura.

EL DATO
El Museo Pedro de Osma, la Universidad del Pacífico y la Biblioteca Nacional presentarán, del 15 al 17 de julio, un ciclo de conferencias magistrales sobre arte virreinal.
El evento, a realizarse en el auditorio Mario Vargas Llosa de la BNP, reunirá a reconocidos investigadores nacionales e internacionales.

Detalle de los donantes ocultos por una capa de puntura, revelado tras la visión infrarroja.
Detalle de los donantes ocultos por una capa de puntura, revelado tras la visión infrarroja.

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