Por Alfonso Rivadeneyra García

Hace casi una década Sandro Venturo, sociólogo peruano, publicó un texto hasta cierto punto premonitorio. Habló de la muerte de alguien más, pero sobre todo del vacío que dejan los adioses. También, que esperaba irse antes que sus hijos. “Mi flecha ya está separada, como la de cada quien. Mientras tanto recibo con humildad la prolongación de esta contingencia”, dijo. Él falleció el domingo último, noticia recibida con pena por quienes lo conocieron en persona, pero también por los familiarizados con su trabajo intelectual.

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