En 1995 Marcello Motta fundo uno de las agrupaciones de rock peruano más importantes de las últimas décadas. En plena pandemia, Amen cumplió 25 años de vida y sacó a la luz un disco inspirado en estos tiempos difíciles. (Foto: Mario Zapata/El Comercio)
En 1995 Marcello Motta fundo uno de las agrupaciones de rock peruano más importantes de las últimas décadas. En plena pandemia, Amen cumplió 25 años de vida y sacó a la luz un disco inspirado en estos tiempos difíciles. (Foto: Mario Zapata/El Comercio)
Por Diana Mery Quiroz Galvan

“Lo primero que aprendí a tocar fue la mesa”, cuenta divertido Marcello Motta. Aunque parezca broma, palmotear la madera le hizo entender que todo lo que sonara podía ser un instrumento. Su primer interés estuvo puesto en la batería, pero fue una guitarra maltrecha la que le dio vida a sus primeras composiciones. Sin estudios de música, pero con un buen oído, su natural forma de expresión se impuso. Los genes de su familia materna, los Velarde, habían hecho su trabajo. El abuelo tenía una voz potente, sus tíos tocaban hasta el amanecer y su madre cantaba. Ella, incluso, llegó a grabar un disco en los tiempos de la Nueva Ola. Con esos antecedentes su destino no podía ser otro.

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