En "Para la espera", Rodríguez (Cuba, 1946 ) toca la guitarra, el bajo, las percusiones, las voces (la principal y los acompañamientos)  y vuelve a silbar. (Foto: EFE)
En "Para la espera", Rodríguez (Cuba, 1946 ) toca la guitarra, el bajo, las percusiones, las voces (la principal y los acompañamientos) y vuelve a silbar. (Foto: EFE)
Juan Diego Rodriguez Bazalar

Es extraño que , por primera vez, haya publicado un álbum solo en plataformas digitales. Lo es porque podría ser señal de que el ícono de la contracultura ha decidido dejarse llevar por las tendencias del mercado. Lo es también porque querría, tal como lo ha afirmado, que los cubanos lo descarguen y lo compartan, aunque eso, con el Internet de la isla, puede ser una afición bastante cara. De entrada, “Para la espera”, su vigésimo disco de estudio, llega con polémica.

Aun así, es injusto medir al ícono cubano por sus últimas acciones. Habría, primero, que recordar su relevancia como figura política –una bastante opacada por la situación actual–, y segundo, su talento como cantautor. En ese orden, porque cuando se habla de Rodríguez se habla del revolucionario y, luego, del trovador.

Pero hay también una tercera faceta, una que, cuando se discute, se vuelve instrumento para la crítica: su vida privada y sus supuestos privilegios en Cuba. Pocos, sin embargo, ven en ella la puerta de entrada a su mente, a la posibilidad de encontrarle explicación a sus canciones, o como una forma de conocer mejor al autor y saber, por ejemplo, cómo un hombre de 73 años la está pasando en esta pandemia. “En estos días de cuarentena no he tocado la guitarra. La paso escribiendo, pintando, atendiendo el blog y disfrutando por mi familia –cuenta el trovador–. Hay muchos pensadores de distinto calibre y tendencias reflexionando sobre lo que estamos viviendo. Yo personalmente no creo que el mundo vaya a cambiar mucho. Vamos a tratar de volver a ser nosotros, para bien y para mal. Ya estamos mal acostumbrados y mal hechos, y hay muchos intereses con poder. Sí creo que es posible que todo esto nos ayude a reflexionar sobre la libertad y la transparencia”.

Los últimos meses han sido una terrible sombra en la vida de Rodríguez, quien ha llorado la partida de varios de sus amigos, entre ellos Luis Eduardo Aute. ¿Podría “Para la espera” ser un disco dedicado a la muerte? El disco es anterior, pero sí tiene que ver con la muerte –acota–. No es que sea el tema central, pero por ahí pasa de vez en cuando. Lo que sí garantizo es que el que hizo el disco está vivo”.

Con toda una vida prestando su voz para la protesta, ¿habrá Rodríguez encontrado o quizá conocido la verdad, esa que funcionó como norte en su vida y quizá como uno de los objetivos de su revolución?Estamos siempre buscando verdades –responde–. Tampoco soy un obseso de la verdad, me basta que haya algunas verdades básicas, que son útiles. La solidaridad es una verdad, ser capaz de ponerte al lado del otro. La compasión, que nos hace verdaderamente humanos. Pero la verdad se parece a lo que escribió Eduardo Galeano sobre la utopía, citando a Fernando Birri: sirve para caminar. La verdad es ir, es caminar, la intranquilidad, no conformarse. En Cuba no somos nada perfectos, y uno de nuestros grandes problemas fue la idea de ‘ya llegamos’. Para algunos ahora lo único que hay que hacer es defender el poder. Ha sido espantoso porque nos ha enquistado. Todo lo que cristaliza es muerte”.

Cada canción y su historia

Las canciones suelen ser universos a los que acceder puede ser una tarea inexpugnable. Felizmente, Silvio Rodríguez accedió a dar detalles sobre algunas de las canciones que dan forma a “Para la espera”, producción recién salida del horno en la que él toma distancia de “Amoríos” (2015) y el gran ensamble con el que trabajó, para enfrentarse al mundo en la soledad de grabar guitarras, bajo, percusión y voces.

“Noche sin fin y mar”

Escrita en el 2017 y dedicada a Luis Eduardo Aute. “Cuando llegué [a visitarlo, mientras estaba en coma], me puse a cantarle esa canción, y en ese momento despertó”, recuerda.

“Modo frigio”

Hay canciones que sueño. Y cuando la estaba escribiendo me pareció que podía haber sido una canción de Alberto Cortez. Estuve esperando a verlo para mostrársela, pero no me dio tiempo, de pronto se había ido –señala–. A veces pienso: ‘Esta pudo ser una idea de Fulano, o de Mengano’, y siento a esa persona como una presencia en ese momento. Esta me lo recordó porque es dramática. ¿Nunca viste a Alberto Cortez en escena? Fascinaba, se convertía en otra cosa, era un perfecto animal de escena. Yo quería verlo para decirle: ‘Coño, hice una canción como las tuyas’, pero murió y no pude decírselo, no la pudo conocer. A lo mejor tampoco le gustaba. Eso también puede pasar”.

“La adivinanza”

Creo que esta canción nació de una foto. La veo siempre que la canto”. Rodríguez se refiere a aquella instantánea que se tomó junto al ensamble Diákara, el referente del mundo audiovisual cubano Eduardo ‘Tito’ Delgado, y un grupo de niños que se les acercaron mientras grababan el videoclip de “El gûije”.

“Conteo atrás”

Cuenta la historia de una persona que llega tarde a la salida de su tren, y que está dispuesta a aceptar la culpa, sin excusas, cuando la juzguen. “Es una metáfora de muchas cosas, tanto personales como colectivas –explica Rodríguez–. Pero lo que repito en esta canción es la necesidad, la voluntad de aprender y de ser autocrítico en cualquier circunstancia adversa, sea momentánea o trascendente”.

“Los aliviadores”

Tema que el mismo Rodríguez cataloga como “un poco raro” y “algo lúdico”. “Es una canción familiar, para mi hija Malva y mi nieto Diego –dice–. Ellos nacieron al mismo tiempo y se criaron con una relación más de hermanos que de tía y sobrino. Siempre pensé que el doctor Schweitzer, de quien se decía que caminaba mucho como médico misionero en África, debió tener unos dolores de pies y de espalda terribles, y juego con eso en la canción”.

“Danzón para la espera”

Es una de esas canciones que uno empieza a hacer, pero se demora, y luego la razón por la que la hacía pierde sentido –comenta–. Empecé a hacerla cuando los Cinco [los oficiales de inteligencia de Cuba que fueron apresados en EE.UU. en 1998] todavía estaban presos. Yo quería hacer una canción sobre eso; pero a veces a esos temas tan obviamente políticos es difícil acercarse de una manera que no sea vulgar. Pero siempre le quedó esa aureola de esperanza; así que la retomé ahora con lo que estamos viviendo y el hecho de que todo el mundo esté esperando y esperando”.

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