Cuando se habla del Fenómeno El Niño (FEN), la conversación suele centrarse en lluvias, huaicos y daños a la infraestructura. Sin embargo, existe otra consecuencia menos visible: su impacto sobre el ecosistema de salud. En este contexto, el cambio de gobierno representa una oportunidad crítica para fortalecer la resiliencia sanitaria del Perú: la capacidad del sistema para anticiparse y recuperarse de emergencias sin dejar de atender las necesidades esenciales de la población.
Cuando se habla del Fenómeno El Niño (FEN), la conversación suele centrarse en lluvias, huaicos y daños a la infraestructura. Sin embargo, existe otra consecuencia menos visible: su impacto sobre el ecosistema de salud. En este contexto, el cambio de gobierno representa una oportunidad crítica para fortalecer la resiliencia sanitaria del Perú: la capacidad del sistema para anticiparse y recuperarse de emergencias sin dejar de atender las necesidades esenciales de la población.
El Perú es uno de los países más expuestos al FEN. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) advierte que el cambio climático y eventos como este incrementan el riesgo de enfermedades infecciosas y exigen sistemas capaces de operar aun cuando una emergencia desborda la respuesta habitual. No se trata de un riesgo abstracto: las lluvias, inundaciones, el aumento de las temperaturas y otras alteraciones asociadas a El Niño pueden crear condiciones para la propagación de enfermedades como dengue, malaria y fiebre amarilla, así como hepatitis A y rotavirus.
La resiliencia comienza antes de una emergencia, y una de las medidas importantes de primera línea de defensa es la prevención. El Ministerio de Salud cuenta con un esquema nacional amplio de inmunizaciones gratuito que protege contra 28 enfermedades. Sin embargo, la caída de las coberturas de vacunación ha abierto la puerta al resurgimiento de enfermedades prevenibles.
Los recientes brotes de tos ferina y la alerta por casos importados de sarampión evidencian esa vulnerabilidad. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha respaldado al Perú para fortalecer la vigilancia epidemiológica y la respuesta. Recuperar las coberturas ayuda a reducir el riesgo de que una emergencia climática derive en una crisis sanitaria mayor.
La resiliencia también implica proteger a quienes dependen diariamente del sistema. Ante eventos climáticos extremos, personas con enfermedades raras, cáncer u otras enfermedades crónicas se pueden enfrentar a mayores dificultades para acceder a diagnósticos, tratamientos y medicamentos. Por eso resulta relevante el mensaje del ministro Luis Dyer del 9 de agosto sobre la urgencia de renovar equipamiento y asegurar infraestructura médica portátil para emergencias.
Este nuevo gobierno tiene la oportunidad de convertir la resiliencia sanitaria en política de Estado: cerrar las brechas de vacunación y alcanzar coberturas homogéneas y equitativas en todo el país , fortalecer la vigilancia epidemiológica, garantizar la continuidad de la atención y preparar al sistema para responder oportunamente frente a El Niño, articulando mejor al sector público, privado y la cooperación internacional.
Frente a este desafío, GSK reafirma su disposición a contribuir, dentro de su ámbito de experiencia y en coordinación con las autoridades, mediante colaboración científica, generación de evidencia, educación en salud y alianzas transparentes que fortalezcan la prevención y la continuidad del cuidado de los pacientes.