CongresoEl Perú y su apuesta por la infancia
“La niñez de hoy es hija de una generación que nació y creció bajo la protección de la Convención sobre los Derechos del Niño”.

Representante de Unicef en el Perú
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

El Perú conmemora en los próximos días sus 204 años de vida republicana y desde Unicef nos sentimos parte de su historia porque desde hace 75 años acompañamos al país en su esfuerzo por mejorar la calidad de vida de su infancia.
El Perú de 1950 con el que Unicef suscribió su primer acuerdo de cooperación era un país muy distinto al de hoy. De los 300.000 bebes que nacían anualmente, apenas 42.000 lo hacían en un establecimiento de salud. Miles de mujeres morían por complicaciones del embarazo y el parto, muchos de estos nacimientos no se inscribían, y miles morían antes de cumplir el primer año de vida. Actualmente, el 93% de partos se dan en centros de salud y solo 13 de cada 1.000 mueren antes de los 12 meses. Estos avances son consecuencia de años de trabajo.
De la mano con el Estado, generamos evidencia sobre la importancia de acercar física, cultural y económicamente los servicios de salud a las poblaciones más vulnerables. Con el apoyo de los promotores de salud, que surgían de la propia comunidad, fomentamos los controles del embarazo, los partos institucionalizados, la vacunación y los controles de crecimiento y desarrollo. Promovimos la lactancia materna exclusiva, el lavado de manos, la rehidratación oral y el reconocimiento temprano de los síntomas de infecciones respiratorias agudas. El éxito de estas prácticas convirtió al Perú en referente global de la reducción de la mortalidad infantil y de la desnutrición crónica.
Otro gran pendiente en aquellos años era el acceso universal a la educación. En Lima, el destino principal de la migración interna, se atendía la demanda educativa con la construcción de las Grandes Unidades Escolares, pero para las niñas, niños y adolescentes de las áreas rurales el acceso a la educación no estaba asegurado, mucho menos si se era mujer o la lengua materna era distinta al castellano.
Sin ir muy lejos, en el 2001 solo el 48% de estudiantes culminaba oportunamente la educación primaria, actualmente ya lo hace el 90%. Desde Unicef, hemos trabajado junto al Ministerio de Educación en la promoción y fortalecimiento de la Educación Intercultural Bilingüe y por la permanencia en la escuela de las niñas y las adolescentes rurales. Capacitamos docentes, apoyamos la producción de materiales educativos en lenguas originarias y fomentamos que jóvenes indígenas accedan a becas para formarse como docentes. En el 2016, el Perú aprobó su política de EIB y en el 2017 incrementó hasta en 900% el presupuesto destinado a fortalecerla con relación al 2009.
La mirada sobre la infancia ha ido cambiando. En la década del 90, niñas, niños y adolescentes pasaron de ser objetos de protección a sujetos de derecho. Esto implica escuchar sus opiniones y tomarlas en cuenta cuando se decide sobre temas que les afectan, y también cuestionar situaciones normalizadas como corregir o educar con violencia e incluso imponer matrimonios. De la mano del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables impulsamos espacios de participación en los que hoy chicos y chicas demandan y proponen; contribuimos a que se promulguen leyes como las que prohíben el matrimonio de personas menores de 18 años y el castigo físico y humillante.
A pesar de estos avances, el Perú mantiene varios pendientes con su infancia que debe asumir con la convicción de que lo que parece imposible se puede alcanzar como lo demuestra su historia.
La niñez de hoy es hija de una generación que nació y creció bajo la protección de la Convención sobre los Derechos del Niño; nieta de quienes recibieron las primeras vacunas contra la polio o el sarampión. Reconozcamos que este es un mejor país para nacer, crecer y hacer realidad los sueños.
Por las niñas, niños y adolescentes, y por el Perú, sigamos escribiendo esta historia.









