(Foto: Archivo)
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Juan José Garrido Koechlin

Por 179 años, y algunos días, El Comercio ha pensado al Perú. Léase, ha servido a sus lectores como espacio de reflexión, crítica, propuestas y contrapeso al poder político y económico, aportando así al desarrollo nacional. Ha sido entonces, además de un diario, una institución. Como tal nos ha acompañado en nuestro trajinado camino hacia el sueño republicano, reportando los aconteceres oportunamente, de la manera más comprensiva y objetiva posible y, cómo no, recogiendo y destilando las reflexiones más importantes de todos aquellos que piensan al Perú.

Hoy, en el umbral del bicentenario, el país requiere más que nunca de dicha compañía. Porque aunque muchos digan que el país está “sobreestudiado”, que ya no es necesario pensar en soluciones sino pasar a la acción, lo cierto es que poco entendemos los desafíos que tenemos por delante, y menos aun conocemos qué hacer para superarlos. Tenemos, pues, mucho por pensar, discutir y consensuar. Es lo que esperan y requieren, en todo caso, la ciudadanía y las próximas generaciones.

Pocos espacios pueden dedicar sus esfuerzos enteramente a ello. Para El Comercio, dicha dedicación es su razón de ser. De ahí que consagre día tras día sus esfuerzos y páginas, hoy en diferentes plataformas, a cubrir los principales intereses de nuestros lectores, procurando informarlos de manera veraz, objetiva e independiente de tal forma que adopten las mejores decisiones posibles en su diario quehacer y en el ejercicio de su ciudadanía.

El país ha cambiado mucho en las últimas dos décadas y los retos por delante son aún numerosos e intrincados. El camino al desarrollo no es fácil de vislumbrar ni rápido de andar. Aún quedan millones de peruanos por acceder al sueño de la educación y salud de calidad, esperanzados en el acceso a servicios básicos de luz y agua potable, y son aun más aquellos que anhelan vivir seguros física y jurídicamente. Junto a ello están los retos de aquellas minorías excluidas y estigmatizadas por ser escuchadas y respetadas, de una ciudadanía ávida por encontrarse con la cultura y las artes, así como de profundizar en las ciencias y el desarrollo tecnológico. Todo ello, y más, ha sido parte de las preocupaciones históricas del Diario; nuestro compromiso, como fue el de nuestros antecesores, es perseguir ese esfuerzo colectivo y trabajar arduamente por aportar a dicho sueño desde la mejor cobertura posible.

El periodismo enfrenta sus propios retos, qué duda cabe. Nada de ello debe, sin embargo, distraernos de nuestro rol central, que es brindarles a los lectores y al país un espacio informativo y de reflexión, objetivo y plural, que represente un aporte significativo a fin de entender mejor nuestras carencias y ventajas, oportunidades y amenazas.

Quiero aprovechar este espacio para agradecer, ante todo, al directorio corporativo del Grupo El Comercio por la confianza depositada y por la oportunidad de trabajar con un equipo de talentosos profesionales que personifican ese espíritu histórico que define al decano. Deseo, igualmente, restablecer mi compromiso con los lectores, inspirado en los valores del grupo editorial, ajustado a los más altos estándares de calidad periodística, a la ética y al profesionalismo que representan.

Como bien señaló don Luis Miró Quesada de la Guerra, el periodismo puede ser la más noble de las profesiones, y nada debe motivarnos más cada día que reivindicar dicha máxima en nuestras redacciones. El Comercio seguirá firme en su rol, en sus principios y en su apuesta por un periodismo útil, formativo e independiente.