ActualidadCuando las pensiones se adaptan a las personas
“La reciente reforma previsional no solo abre espacios para una mayor competencia entre gestores, reduce barreras de acceso y busca mejorar la suficiencia de las futuras pensiones”.

Superintendente Adjunto de Pensiones de la SBS
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

La inteligencia artificial ya permite que dos personas vean el mismo partido de fútbol y reciban resúmenes completamente distintos. Mientras algunos prefieren una narración cargada de emoción, otros buscan estadísticas, análisis tácticos o simplemente el sonido ambiente del estadio. La tecnología ha hecho posible la hiperpersonalización: adaptar una misma experiencia a las preferencias de cada usuario.
La pregunta es si esa misma lógica puede ayudar a resolver uno de los mayores desafíos de los sistemas de pensiones: incorporar a millones de personas que hoy permanecen fuera del ahorro previsional.
Cuando se revisa la literatura especializada sobre los sistemas de pensiones en América Latina, uno de los conceptos que más se repite es el de cobertura efectiva. No basta con que un sistema permita el acceso de la mayor cantidad posible de personas; también debe ofrecer mecanismos de ahorro que respondan a las distintas formas en que las personas trabajan, generan ingresos y administran su dinero. En otras palabras, no se trata únicamente de ampliar la cobertura, sino de adaptar el sistema a la realidad de quienes aún no participan en él.
Esa es, precisamente, la palabra clave: adaptar.
Durante décadas, los sistemas previsionales se construyeron pensando en trabajadores con empleo formal, ingresos estables y aportes periódicos. No obstante, la realidad laboral es más retadora. Hoy conviven trabajadores independientes, emprendedores, trabajadores de gig economy, personas con ingresos variables y quienes alternan periodos de formalidad e informalidad. Pretender que todos ahorren de la misma manera supone desconocer esa rica diversidad.
Es en este contexto donde las billeteras digitales, en el marco de la Ley N° 32123, pueden convertirse en un habilitador de una nueva forma de inclusión previsional.
La propuesta normativa recientemente prepublicada por la Superintendencia busca generar incentivos para que los actuales y futuros gestores desarrollen mecanismos de ahorro previsional apoyados en estas plataformas digitales. La tecnología deja de ser únicamente un canal de pago para convertirse en una herramienta que permita diseñar experiencias de ahorro más flexibles y acordes con las características de cada usuario.
Esto abre la posibilidad de que una persona pueda ahorrar pequeños montos cuando recibe un ingreso, realizar aportes en momentos distintos del mes o acceder a mecanismos de incentivo que hagan más atractivo mantener una cultura de ahorro para la vejez. El reto para todo el ecosistema será pasar de un modelo uniforme y parametrizado de acumulación de recursos a uno que incorpore el análisis de comportamientos, preferencias, economía conductual y expectativas de los distintos grupos de población.
La lógica también cambia desde el punto de vista del ciudadano. Ya no se trata únicamente de cumplir con una obligación previsional. Se trata de construir una propuesta de valor que haga sentido para las personas. El ahorro para la jubilación, cuyos beneficios se perciben en el largo plazo, puede complementarse con incentivos inmediatos que fortalezcan el vínculo del usuario con el sistema y promuevan una mayor permanencia.
Esta visión encuentra además sustento en las estrategias de shared value desarrolladas por Michael Porter y Mark Kramer. Su planteamiento propone que la innovación permita generar beneficios simultáneamente para las personas y para las organizaciones, desarrollando nuevos productos y mercados a partir del conocimiento de las necesidades reales de la población. Experiencias como la de Grameen Bank en Bangladesh demostraron que adaptar los servicios financieros a las características de poblaciones tradicionalmente no incorporadas puede generar importantes avances en inclusión.
El sistema previsional tiene hoy una oportunidad similar. La tecnología, el análisis de datos y la economía conductual permiten diseñar mecanismos de ahorro que respondan a distintos perfiles de usuarios, incorporando incentivos que hagan del ahorro una decisión más cercana, sencilla y compatible con la realidad cotidiana de millones de personas.
La reciente reforma previsional no solo abre espacios para una mayor competencia entre gestores, reduce barreras de acceso y busca mejorar la suficiencia de las futuras pensiones. También plantea un cambio más profundo: pasar de un sistema que esperaba que las personas se adaptaran a él, hacia uno capaz de adaptarse a las personas.
Quizá ese sea el mayor aporte de esta nueva etapa. Porque la verdadera inclusión previsional no dependerá únicamente de ampliar la cobertura, sino de construir mecanismos que comprendan cómo viven, trabajan y ahorran los ciudadanos del siglo XXI.











