El canciller Carlos Espá acaba de confirmar que el papa León XIV llegará al Perú en noviembre próximo. La Iglesia viene haciendo 2.000 años de relaciones públicas; por tanto, la llegada del peruano por decisión, Robert Prevost, ha sido rigurosamente pensada. Noviembre será un mes tenso e intenso. De acuerdo con los informes de especialistas, a fines de octubre hacia enero del 2027, el Niño global golpeará al Perú. Prevost llegará en noviembre, irá a Chiclayo y a otras ciudades, probablemente regadas por las intensas lluvias. No será la primera vez que Prevost se tope con un fenómeno climático, porque estuvo en Chulucanas entre 1982-1983 y es casi seguro que también vivió el diluvio de 1997-1998.
Ahora observen la llegada de Robert Prevost en términos geopolíticos. Hace meses nomás, León XIV se enfrentó a Trump y a los oligarcas tecnológicos, entre ellos el futurista Peter Thiel, quien quiere crear un país spin off en la Patagonia argentina y quien, además, llamó “anticristo” y “prochino” a León. Prevost llega al Perú, su país por elección, y el mensaje es claro: respaldo al gobierno de Keiko Fujimori a pesar de la línea pastoral progresista del cardenal Carlos Castillo, arzobispo de Lima y primado del Perú. Respaldo a la derecha peruana en el gobierno y mensaje entre líneas a la embajada de EE.UU. y a su representante Bernie Navarro, el hombre que es la extensión del trumpismo. El canciller Espá ha logrado una victoria que lo posiciona bien frente a la presidenta y, sobre todo, hacia el Consejo de Ministros.
Todo cobra sentido en la política nacional e internacional de hoy cuando se mira a través del prisma de la geopolítica. Días atrás, el gobierno anunció la entrega del salvoconducto a la golpista Betsy Chávez, protagonista de una opereta junto a Pedro Castillo, para marcharse a México. La decisión, estrictamente política del gobierno peruano, fue criticada por el “zarracenismo” que libra la llamada “batalla cultural” a cualquier hora y cada instante, y fue incluso tildada de “chantaje”; sin embargo, más allá de la razón diplomática, el Perú asumirá en los próximos meses la itinerante presidencia de la Alianza del Pacífico, conformada también por México. ¿Puede el salvoconducto a Chávez Chino tener mayor peso político que la presidencia de una de las alianzas geopolíticas más interesantes logradas en los últimos años, sobre todo cuando el Perú busca fortalecer su peso político junto a Colombia y Chile, ambos gobiernos afines?
Prevost y el noviembre diluviano. No debemos soslayar que, bajo sus órdenes, el Vaticano hizo suyas las propuestas de una plataforma ciudadana de católicos para desincentivar las inversiones en la minería, liderada por el brasileño monseñor Vicente de Paula Ferreira, de la diócesis de Bahía, estado donde vivió el escritor Jorge Amado. Ferreira es hoy el portavoz del ambientalismo católico, heredero de la vieja teología de la liberación de Frei Betto y Leonardo Boff; además de ser muy crítico del actual modelo primario‑exportador minero sudamericano.
Prevost vendrá a su país de adopción justo también cuando el precio de la libra de cobre sube a US$6 y puede llegar a US$7 en el 2027. El Perú llegaría a producir aproximadamente 3 millones de toneladas de cobre para el 2026. Prevost viene, por lo tanto, a un país minero. Lean la “Magna humanitas”, la carta encíclica de Su Santidad, que es una feroz crítica a la inteligencia artificial porque carece de “conciencia moral, corazón y capacidad de amar”. No hay inteligencia artificial sin minerales críticos; no hay inteligencia artificial sin cobre; no hay cobre sin el Perú.
Buena parte de los objetivos presentados días atrás por el actual ministro del MEF, Elmer Cuba, y en general el futuro del crecimiento económico y del propio gobierno fujimorista está puesto en la confianza de que el súper ciclo de minerales continúe por unos buenos años más. La reconstrucción pos‑El Niño incluida. ¿Cuál será el mensaje de Prevost para un país minero?
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