Decálogo ético para quien gobierne el Perú

“El próximo presidente no debería preguntarse cuánto poder puede acumular, sino cuánto daño puede reparar y cuánta confianza puede reconstruir”.

    Mercedes Araoz
    Por

    Profesora de la Universidad del Pacífico y exvicepresidenta de la República

    maraoz@comercio.com.pe

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    Ilustración: Giovanni Tazza
    Ilustración: Giovanni Tazza

    El Perú no necesita solo un próximo presidente. Necesita una autoridad moral. Alguien que entienda que ganar una elección no entrega una licencia para apropiarse del Estado, sino una responsabilidad histórica para reconstruir la confianza perdida. La Presidencia de la República no es un premio personal, ni una agencia de empleos partidarios ni una caja de favores ni un botín. Es el encargo más alto que una democracia puede conceder: servir a todos los peruanos, empezando por quienes no votaron por uno. La desconfianza ciudadana no ha surgido de la nada. Es el resultado acumulado de promesas incumplidas, corrupción, improvisación, pactos subalternos, uso patrimonial del poder y una dolorosa sensación de abandono. Por eso, quien aspire a gobernar debería asumir, antes que un plan de gobierno, un decálogo ético.

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