Si alguien me preguntara dónde puede encontrarse la visión de país que tiene el Perú, mi respuesta sería, sin la menor duda, el Acuerdo Nacional. Instrumento que se comenzó a diseñar en el gobierno transitorio del presidente Paniagua y que se estableció hace casi 25 años.
El Acuerdo Nacional es un espacio de diálogo nacional, multiestamentario (sociedad civil, sector privado, academia, gobierno), con participación local, regional y nacional, y donde el consenso es el instrumento de acuerdo. Sin duda, un espacio que ha servido para mucho del despliegue de políticas gubernamentales en las pasadas dos décadas y media.
Las 36 políticas consensuadas a la fecha atraviesan todo el quehacer social, desde la lucha contra la pobreza al desarrollo infantil temprano; desde los temas agrarios a los temas de ciencia y tecnología; de la economía social de mercado a la sociedad de la información; desde Acceso al Empleo Pleno, Digno y Productivo a la Gestión del Riesgo de Desastres; entre otros importantes temas que lograron un consenso.
Pero el Acuerdo Nacional, como todo ente vivo, debe evolucionar. Las políticas de Estado establecidas por el Acuerdo Nacional, necesarias de ser vinculadas en los planes de gobierno de toda elección o referenciarse en cada proyecto de ley que se presenta en el Congreso, no son vinculantes. Y eso hace que un gobierno de turno pueda “no tomarlas” como base de sus políticas, aunque las “mencionen” en sus planes de gobierno. Añadido a ello, la dependencia de la PCM para convocar a sesiones de diálogo, o dilatar presupuesto o no respaldar temas de diálogo, también es un tema que debe mejorarse.
Y, aun así, el esfuerzo titánico de Roncagliolo, Iguiñez y Max Hernández (quien actualmente es su secretario ejecutivo en un segundo período) y de su equipo de trabajo ha mantenido al Acuerdo Nacional como espacio reconocido y respetado de encuentro, más aún en momentos de crisis social. El Acuerdo ha tenido 132 sesiones en estos años, pero miles de horas de trabajo para lograr los consensos y mantenerlos vigentes.
Sería sumamente valioso que los candidatos Fujimori y Sánchez expresen su respaldo al Acuerdo Nacional y expresen su intención de fortalecer dicho espacio de diálogo, que puede ser el fiel de la balanza y un instrumento del quehacer social para tener un plan como país, de todos los colores y todas las visiones, que finalmente la democracia es el respeto de la diversidad de todos.
No se trata solo de un espacio más: es probablemente el único espacio que nos separa de ser un Estado anárquico, pero además la demostración de que, al ponernos de acuerdo, podemos lograr muchísimo más que estando en disputa permanente; somos un país de mestizaje en todo sentido. Es preciso un espacio como el Acuerdo Nacional para recordárnoslo, y es nuestro deber proteger dicho espacio.