En el 2023, durante un foro empresarial, un moderador preguntó qué papel debía asumir el sector privado ante El Niño. La sala quedó en silencio. Luego surgieron dos respuestas previsibles: obras por impuestos y donaciones. Ambas son herramientas útiles, pero ninguna constituye, por sí sola, una estrategia. El principal aporte de las empresas no consiste en donar después del desastre, sino en prepararse, mantener operativos los servicios esenciales y movilizar sus capacidades en coordinación con el Estado.
El Comunicado Oficial Enfen 12-2026, del 26 de junio, mantiene la alerta de El Niño costero y prevé para el verano del 2026-2027 un evento de intensidad fuerte o moderada. Prepararse no exige adivinar cuánto lloverá, sino impedir que la incertidumbre se convierta en una excusa para la inacción.
Sin sustituir al Estado, cada empresa debería responder dos preguntas: ¿cómo mantendrá sus operaciones? ¿Qué capacidades pondrá al servicio del país? El problema no es solo de voluntad. Una parte del sector privado desconoce cómo se activa la respuesta estatal, qué autoridades adoptan las decisiones y mediante qué procedimientos puede ofrecer sus capacidades.
Hombro a Hombro es una iniciativa valiosa que articula la participación empresarial ante emergencias. Reúne a más de 150 empresas y reporta que ha atendido a más de 1,5 millones de personas. No hace falta crear otra plataforma, sino fortalecerla como eje de coordinación con el Estado e incorporar a más empresas nacionales, regionales y locales.
El mecanismo de obras por impuestos requiere proyectos priorizados, disponibilidad presupuestal y convenios, por lo que resulta especialmente útil para la prevención y la reconstrucción. Las donaciones, por su parte, pueden llegar tarde, duplicarse o no responder a las necesidades locales. Cuando una carretera queda interrumpida, la población necesita que los recursos se movilicen en cuestión de horas, no nuevos expedientes ni ayuda improvisada.
Las empresas tienen tres responsabilidades fundamentales. La primera es mantener sus operaciones, preservar el empleo y sostener las cadenas de abastecimiento. Esto implica proteger a trabajadores y proveedores, anticipar compras, identificar rutas alternativas y mantener los contratos esenciales. La preparación también debe involucrar a las empresas regionales y locales, que conocen el territorio, las vías secundarias y los proveedores de cada zona. Sin su participación, la respuesta corre el riesgo de seguir diseñándose principalmente desde Lima.
La segunda responsabilidad es movilizar activos y contribuir al restablecimiento de los servicios críticos. Las empresas disponen de flotas, almacenes, maquinaria y sistemas de trazabilidad. Su principal ventaja no reside solo en los recursos financieros, sino en la posibilidad de movilizar bienes, resolver cuellos de botella y restablecer servicios esenciales, como las telecomunicaciones, la energía, el agua y los medios de pago. Estos permiten solicitar auxilio, coordinar ambulancias, difundir alertas y mantener operativos los mercados.
La tercera responsabilidad es coordinarse con el Estado antes de que ocurra la emergencia. La autoridad debe establecer un punto único de contacto, comunicar las necesidades prioritarias, definir los territorios que requieren atención y aprobar protocolos para compartir información y movilizar activos. Sin estas condiciones, las empresas no sabrán quién solicita sus capacidades, dónde deben desplegarlas ni bajo qué reglas pueden intervenir.
Antes del inicio de la temporada de lluvias, los gremios empresariales deben dejar de disputar protagonismo. Junto con Hombro a Hombro y las autoridades competentes, deben instalar una mesa operativa, no convocar otro panel. Esta debe producir cuatro resultados concretos: un inventario regionalizado de capacidades privadas; protocolos de activación; responsables por sector y territorio; y, al menos, un simulacro conjunto. En ella deben participar las cámaras de comercio regionales, las asociaciones empresariales locales y los representantes de las pequeñas y medianas empresas. Cada compañía, además, debe designar a un responsable con capacidad de decisión y asumir una función específica dentro del sistema de respuesta.
Aquel silencio del 2023 dejó entrever que una parte del sector privado aún confunde responsabilidad con filantropía y desconoce cómo funciona la respuesta estatal. Cada empresa debe saber cómo mantenerse en pie y cómo contribuir a la respuesta colectiva. El Niño no espera. Las empresas tampoco pueden hacerlo.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.